Gisella López Lenci
El Comercio, 14 de febrero del 2026
Así como Paul Sartre apañó a Stalin, Chomsky cubrió a Chávez en Venezuela y opera con Epstein.
“Si bien Chomsky no ha sido implicado en los delitos de Epstein, se hace increíble que haya decidido taparse los ojos ante lo que criticaba”.
Los mensajes de arrepentimiento han aparecido con descarado retraso y sin disimulo ante la hipocresía. Ahora resulta que las personas señaladas en los archivos de Jeffrey Epstein “no sabían nada”, “fueron manipuladas” o “utilizadas” por el pederasta y depredador sexual que se quitó la vida en el 2019.
La indignación escarapela, sobre todo cuando se trata de personajes que se han pasado los últimos años presentándose como la conciencia moral de la sociedad. Uno de ellos en particular. Noam Chomsky, intelectual trascendental, lingüista imprescindible, referente de la izquierda occidental y uno de los autores más citados por las humanidades.
Chomsky, de 97 años, profesor emérito del Instituto Tecnológico de Massachusetts, era también un crítico del capitalismo, de los abusos de la clase dominante y un analista minucioso del acontecer geopolítico global y de los avatares del destino de la humanidad.
Pero parece que todo ello no fue suficiente para poder intuir que lo que rodeaba a Epstein no eran precisamente valores altruistas. Se podría justificar que el intelectual fue sorprendido o que no conocía su lado oscuro y siniestro. Lamentablemente, la andanada de correos electrónicos publicados a fines de enero por el Departamento de Justicia de Estados Unidos demuestra lo contrario.
Chomsky no era un nombre a pie de página; mantuvo comunicación con el delincuente incluso una década después de haber sido investigado por delitos sexuales que implicaban a menores de edad y haber sido imputado. De hecho, el propio Epstein le pidió consejo al académico sobre cómo lidiar con la “prensa inmunda” y su crisis de imagen. La respuesta de Chomsky es impresionante: “Lo mejor es ignorarlo. Esto es especialmente cierto ahora, con la histeria que se ha desatado en torno al abuso de las mujeres, que ha llegado a tal punto que incluso cuestionar una acusación es un delito peor que el asesinato”.
Y acá viene la cuestión de siempre: ¿se puede separar al autor de su obra?, ¿se desacredita su inmensa contribución al pensamiento por su relación cercana con alguien que reclutaba niñas para ofrecerlas a depravados poderosos? Si bien Chomsky no ha sido implicado en los delitos de Epstein, se hace increíble que haya decidido taparse los ojos ante lo que criticaba, aplicando una especie de indignación selectiva. ¿Epstein no era, acaso, un millonario que tejió una telaraña de nexos con las personas más influyentes del mundo? Cuesta entender que alguien que escudriñaba la realidad de la manera en que él lo hacía haya minimizado este escenario. De hecho, en el 2023, Chomsky calificó su amistad con Epstein de “interesante y provechosa”.






