Fernando Cillóniz B.
CIVICA.PE
Ica, 9 de febrero de 2026
Para Lampadia
Las protestas por falta de agua en nuestro país son una farsa. No tienen sustento real. En muchos casos son protestas ideológicas. O – en el mejor de los casos – se tratan de protestas chantajistas. A los hechos me remito.

Estamos en plena temporada de lluvias, y – como toda la vida, en esta época del año – enormes cantidades de agua dulce están pasando por las narices de los protestantes, sin que nadie haga nada para conservarla, para usarla en los estiajes. Los cuales – sí o sí – ocurren entre los meses de junio a agosto, de cada año.
En esta temporada (2025 / 2026), la ansiada agua de avenida llegó. Tardó, pero llegó. La pregunta es ¿acaso la situación no se repite año a año… desde que tenemos uso de razón?
La respuesta es sí; todos los años es la misma historia. Me refiero a la desesperada espera por el agua nueva. Todos los años, los agricultores de Ica – y de todo el Perú – aguardamos con impaciencia el inicio de la temporada de lluvias. Y la impaciencia es tal, que recurrentemente el Gobierno declara “oficialmente” la emergencia hídrica en el país… como si un decreto – que no es otra cosa que papel con tinta – pudiera traer el agua que tanto necesitamos los agricultores, para nuestros cultivos.
A ese respecto, yo prefiero – mil veces – más reservorios, que las consabidas Declaratorias de Emergencia que no sirven para nada… excepto para robar.
El hecho es que – hoy por hoy – todos nuestros ríos están de bote a bote. Tanto que hemos pasado al siguiente capítulo de la historia, cual es; la preocupación por los desbordes de ríos, o – lo que es peor – las inundaciones o huaicos. O sea, pasamos de un extremo a otro: de la sequía a las inundaciones.
Por ello, el desafío del agua es el siguiente:
¿Qué hacer para tener agua en los estiajes?
O mejor dicho ¿qué hacer para tener agua todo el año?
¿Y cómo hacer para tener control de la situación durante las avenidas?
Y la respuesta es muy sencilla: reservorios, reservorios y más reservorios… tal como hicimos en Ica, durante el período 2015 – 2018.
Efectivamente, en aquel entonces construimos muchos reservorios – pequeños y medianos – desde las nacientes de nuestras cuencas hasta las partes bajas de nuestros valles. Asimismo, sembramos muchas plantaciones forestales y cercamos muchos pastizales para retener el agua de lluvias, y evitar la erosión de nuestras quebradas.
A ese respecto, debemos desterrar de nuestras mentes aquella idea de que sólo las grandes irrigaciones solucionarán nuestros problemas de escasez hídrica. Conste que no me opongo a los grandes reservorios… pero peor es nada. En todo caso, muchos pequeños y medianos reservorios – sumados – pueden almacenar tanta o más agua que pocos grandes reservorios. Por lo demás, las grandes irrigaciones son muy costosas y – por lo visto – de larguísimo plazo. Incluso, algunas nunca se construyen.
Tales son los casos de Majes-Siguas II, Pampas Verdes, CHINECAS, CHAVIMOCHIC III, Chancay-Lambayeque, Alto Piura, y demás. Todos constituyen proyectos faraónicos, pero están en nada. Nada de nada. Ni una gota de agua. Puro floro.
Por lo demás, debemos trasvasar aguas sobrantes de cuencas que vierten al Atlántico, hacia cuencas deficitarias que vierten al Pacífico. Olmos… por ejemplo. Incluso, hay que trasvasar aguas sobrantes entre cuencas que vierten al Pacífico, como es el caso de Chavimochic en La Libertad. Igual debemos hacer en Ica, mediante la derivación de parte de las aguas sobrantes del río Pisco hacia las pampas de Villacurí y Lanchas. Para ello tenemos que establecer lo que hemos denominado “La Hermandad del Agua” entre la Costa y la Sierra.
¿En qué consiste la hermandad del agua?
(1) En dialogar con respeto y cordialidad con nuestros pares andinos.
(2) En crear los Consejos de Cuenca de manera equitativa. Es decir, con el mismo número de representantes de la Costa y de la Sierra.
(3) En compartir las aguas trasvasadas y almacenadas a lo largo de todas las cuencas… de arriba abajo.
(4) En mantener los ecosistemas naturales de nuestras cuencas; desde las nacientes hasta las desembocaduras. Y
(5) en establecer un Canon Hídrico – que proviene de los impuestos que pagan las empresas agrarias de la Costa – para financiar los reservorios y plantaciones forestales antes mencionadas.
¿Por qué no se reglamenta la Ley de Canon Hídrico (Ley 31720) promulgada el 31 de marzo de 2023? Claramente, al Estado le importa un bledo la pobreza alto andina.
Pero sigamos. Debemos infiltrar la mayor cantidad de agua posible durante las avenidas. Dar tomas libres en épocas de abundancia – levantar todas las compuertas – para que los agricultores rieguen sin ninguna limitación. Así rellenaríamos los acuíferos y guardaríamos agua para los estiajes. Incluso, debemos diferenciar las tarifas de agua según sean aguas de avenida o aguas reguladas. Las aguas de avenida deben costar poco… o nada, mientras que las aguas reguladas deben costar más.
Además, debemos tecnificar el riego (aspersores o goteros) para mejorar el uso del agua… sobre todo del agua regulada. Ciertamente, debemos explotar racionalmente los acuíferos mediante redes de pozos – ojalá, interconectados entre sí – para complementar las dotaciones de agua superficial, y poder regar todos los días del año.
Incluso, debemos tratar todas las aguas servidas (desagües) de todos los pueblos y ciudades del país, para volverlas aptas para uso agrícola. Tal como estamos haciendo en Ica y Arequipa, con excelentes resultados ambientales y agrícolas.
He ahí la política que debemos implementar con respecto al agua para nuestra agricultura. Una política orientada a aumentar la disponibilidad de agua – todo el año – sobre todo para la pequeña agricultura. Una política de mejora de la productividad y competitividad del agro a través de un vasto programa de Siembra y Cosecha de Agua; y la tecnificación del riego en todo el país.
La idea es cambiar la historia del agua en nuestro país, la cual podría sintetizarse así: mucha politiquería, mucho floro, muchas consultorías, mucha corrupción, mucha agua dulce perdida en el mar – incluso muchos huaicos e inundaciones – en las temporadas de lluvia. Sin embargo, muy pocos reservorios. Y – por ende – muy poca agua en los estiajes.
A lo que quiero llegar es que casi todas las protestas por falta de agua son pura farsa. Tenemos mucha agua. Agua para todos, todo el año. Tanto, que botamos – todos los años, en esta época del año – miles de millones de metros cúbicos de agua al mar.
Más bien, yo protesto por el descarado desprecio de muchos compatriotas, por el agua en nuestro país.
Lampadia






