Alfonso Bustamante Canny
Perú21, 4 de febrero del 2026
«Mientras Europa lidia con las consecuencias de decisiones equivocadas, el Perú cuenta con ventajas extraordinarias: recursos estratégicos, una población joven y trabajadora, y una posición privilegiada».
La reunión del último Foro Económico Mundial, que se realiza anualmente en la ciudad alpina de Davos, estuvo este año particularmente acalorada, sobre todo por la participación del presidente Donald Trump, quien desenmascaró sin rodeos la retórica hipócrita del socialismo que tanto daño ha causado a las economías globales en las últimas dos décadas.
Tras el evidente fracaso del comunismo —con la caída del muro de Berlín— quienes vivieron de esa gran mentira se reinventaron. A inicios del siglo XXI maquillaron su ideología con una falsa retórica de bienestar, equidad, inclusión y ecología; conceptos nobles en apariencia, pero utilizados como coartada política para imponer modelos que han sumido a muchos países en un deterioro económico y social sin precedentes. Esta ideología vino, además, escoltada por un ejército de esbirros que aniquilan públicamente a quien se atreva a cuestionar esos “principios”, etiquetándolo de fascista, corrupto, antiambientalista, homofóbico, misógino o xenófobo.
En Europa, los gobiernos socialistas han traicionado a sus ciudadanos con políticas migratorias descontroladas que terminan imponiendo culturas y costumbres ajenas en los países que las acogen. Hoy no es difícil confundir barrios enteros de Londres, Oslo o París con Kabul, Mogadiscio o Damasco; mientras que Alemania, en nombre de un ecologismo dogmático, desmontó centrales nucleares eficientes para quedar subordinada al gas ruso, comprometiendo su seguridad energética y mermando su capacidad industrial. España, por su parte, ha financiado con recursos comunitarios gigantescos parques eólicos y desmesuradas plantas fotovoltaicas que producen energía de manera intermitente, produciendo severas distorsiones en la red eléctrica, que advierten con apagones masivos la fragilidad de su sistema eléctrico.
Esta vez, Trump dio en el clavo. Su mensaje fue claro: la prosperidad no se construye con ideología, sino con realismo económico, seguridad jurídica y Estados que sirvan al ciudadano y no a dogmas importados.
Mientras Europa lidia con las consecuencias de decisiones equivocadas, el Perú cuenta con ventajas extraordinarias: recursos estratégicos, una población joven y trabajadora, y una posición privilegiada para garantizar alimentos, energía y minerales en un mundo cada vez más incierto. Pero esa oportunidad no es automática. Exige reglas claras, inversión privada y un Estado que facilite en lugar de estorbar.






