Por eso es más eficiente
Jaime de Althaus
Para Lampadia
El presidente argentino Javier Milei solía repetir en sus discursos que el capitalismo de libre empresa no solo es económica y productivamente superior al socialismo, sino también moralmente superior porque, en lugar de generar pobreza, reduce la pobreza y genera bienestar social. Es decir, porque sus resultados son superiores. Una moral utilitarista.

En Davos, sin embargo, ha ido más allá.
Ha argumentado que el capitalismo de libre empresa es moralmente superior al socialismo porque se basa en la libertad y no en la coerción estatal.
Es decir, se basa en intercambios voluntarios y en el respeto a lo que es de cada uno, es decir, a la propiedad privada, y no en la fuerza estatal para redistribuir.
Cambió de eje: pasó de una moral utilitaria a una moral propiamente dicha, basada en valores.
Y le dio al argumento una vuelta de tuerca adicional:
El capitalismo no es ético porque es eficiente, sino que es eficiente porque es ético.
Y lo es porque se funda en los valores occidentales heredados de la filosofía griega, del derecho romano y del cristianismo.
Esos valores se resumen en dos derechos naturales: respeto a la vida y a la libertad, y en un derecho adquirido: la propiedad, que es consecuencia de la libertad, que incluye el principio de Locke de la libre apropiación de lo que uno ha creado o generado.
De lo que se desprende una segunda vuelta de tuerca: el capitalismo es eficiente porque es justo, y no al revés.
Con eso apunta a apropiarse del núcleo “moral” de los socialistas, que siempre ofrecieron justicia social frente a un capitalismo que podía ser más eficiente en lo económico, pero, según ellos, era injusto, generaba desigualdad y opresión.
Milei argumenta, en cambio, que el capitalismo de libre empresa es justo no solo porque es ético, porque se funda en los valores fundamentales, sino por lo siguiente:
“… para determinar si el sistema es justo, la referencia obligada es Ulpiano, cuya premisa básica constituye la base del derecho romano y – sin duda – es uno de los pilares de la civilización occidental. Así, la justicia es la constante y persistente voluntad de otorgar a cada cual su derecho. Esto es la intención de dar a cada uno lo suyo, lo que le corresponde… los principios del derecho constan en vivir de modo honesto, sin causar daño a nadie y dando cada cual lo que es suyo”. De lo que se deriva también el principio de no agresión.
Milei no lo menciona, pero ya Aristóteles hablaba de la justicia distributiva, que consiste en dar a cada uno según su mérito o aporte. Cuando la riqueza no refleja el mérito o el aporte real, entonces estamos ante una sociedad injusta.
En suma, no es solo más eficiente sino moralmente superior y más justo un sistema que se basa en el libre intercambio y en el respeto a lo que cada uno recibe o genera en ese intercambio, que uno basado en la coerción, en la extracción de impuestos por la fuerza y en el control de las actividades económicas y los precios.
Milei abunda en argumentos y citas para demostrar que cualquier intervención en esos derechos naturales y adquiridos gestados en Occidente, reduce la capacidad de generar riqueza y bienestar para todos.
Pero lo interesante es su ambición ideológica y política: colocar al socialismo como un desvío equivocado e inconducente de los valores occidentales gestados desde Grecia, y hacerlo desde una fundamentación ética que incluye el concepto mismo de justicia, arrancándoselo al socialismo. Claro, con otra definición de justicia.
Desde la orilla opuesta se argumentará que en Occidente también hay una tradición que sostiene los postulados socialistas. Aristóteles, por ejemplo, postulaba la justicia distributiva y también la justicia de la ley, cuando esta regula las relaciones entre ciudadanos libres e iguales ante ella. Pero también hablaba de “equidad”, cuando a pesar de la ley se producía injusticia en casos particulares. Para Tomás de Aquino la propiedad es legítima, pero “en caso de necesidad extrema, todo es común”.
Sin embargo, se trata, como vemos, de situaciones excepcionales.
Solo en alguna medida para Rousseau y sobre todo para Marx, la propiedad no es un derecho sino una relación histórica de poder que genera desigualdad. Pero, justamente, se trata de posiciones que niegan la tradición filosófica y ética fundamental de Occidente.
En fin, sería largo entrar en estas disquisiciones. Lo interesante es que Milei no solo demuestra, como lo habían hecho ya los economistas de la escuela austriaca, la inviabilidad del socialismo y la superioridad del capitalismo como sistema económico, sino también como sistema moral, recuperando los fundamentos éticos de la civilización occidental. Lampadia






