Juan Stoessel
Perú21, 25 de enero del 2026
«Las autoridades parecen pintadas: permiten a las mafias actuar como si nuestra maravilla mundial fuera su chacra personal», sostuvo Juan Stoessel.
Cerramos 2025 con 3.4 millones de turistas extranjeros, un crecimiento de 4.9%. A simple vista parece positivo, pero si comparamos con las cifras prepandemia, hemos captado un millón menos de turistas. Ha pasado un lustro desde el COVID y estamos solo al 78%. Como referencia, en 2025 Colombia recibió dos millones más de turistas extranjeros que en 2019, un envidiable 140% de su resultado prepandemia. Aunque contamos con un abanico incomparable de atractivos que nos pone en clara ventaja sobre el resto de la región, aun así somos de los más rezagados.
Esto se debe principalmente a la sucesión de zancadillas que nuestras autoridades le han puesto al turismo en los últimos años. Primero, el gobierno de Castillo cortó a cero la promoción del Perú en el extranjero, justo cuando comenzaba el rebote y los países salían con todo a atraer turistas. Luego, vino el autogolpe y las revueltas sociales, que paralizaron el circuito sur y nos trajeron 28 travel warnings (ni en la época del terrorismo tuvimos tantos). El manejo de Machu Picchu es cada vez peor. Para muestra, la nefasta idea de las mil entradas para venta directa en Aguas Calientes o el pésimo manejo de la concesión de los buses. Las autoridades parecen pintadas: permiten a las mafias actuar como si nuestra maravilla mundial fuera su chacra personal. A tal punto que, desde el fin de la pandemia, ¡Machu Picchu ha sido cerrado 17 veces!
No son los únicos puntos álgidos. El turismo de fronteras está muy atrasado tanto en la frontera norte como en la sur. Ingresar se ha convertido en una experiencia cada vez más engorrosa; puede demorar hasta dos horas. A menos que seas turista informal: ahí pagas 10 soles y en tres minutos cruzaste. Como siempre, se castiga la formalidad. La infraestructura vial es otro punto crítico. El MTC ha sido incapaz de realizar tareas básicas como parchar nuestras carreteras turísticas (basta ir por la vía que conecta Cusco con el Valle Sagrado, o por la carretera que lleva a Tumbes y Piura, para comprobarlo). Los aeropuertos regionales también presentan problemas elementales. Las dos principales ciudades después de Lima (Arequipa y Trujillo) no cuentan con equipos que permitan aterrizar durante mal tiempo, lo que lleva a cancelaciones masivas cuando hay neblina en el norte o lluvias en el sur. Corpac, rezagado como siempre.
El Perú lo tiene todo para ser una megapotencia turística, lo que nos falta es gestión e inversión. Necesitamos que el gobierno que entre sea democrático, haga frente a la corrupción, desarrolle infraestructura y promueva la inversión privada. ¡Eso hace toda la diferencia!






