Carlos E. Gálvez Pinillos
Expresidente de la SNMPE
Para Lampadia
Cuando se iniciaba Petroperú, a partir de lo que fuera la IPC (International Petroleum Company), la tarea era sencilla, pues debieron continuar produciendo en los pozos del norte y refinarlos en la planta de Talara. Varios ingenieros y técnicos peruanos, estaban perfectamente capacitados para asegurar la “continuidad del negocio”.

Más adelante, el gobierno militar convocó, en los 70s del siglo pasado, a empresas petroleras internacionales capaces de hacer exploración en nuestra selva nororiental y hubo algunos descubrimientos. El gobierno pensó que tendríamos en la selva un mar de petróleo, y se entusiasmó.
Se estimaba, que podríamos alcanzar una producción de 200 mil barriles diarios en esa zona y, por eso, se construyó el Oleoducto Norperuano (ONP) con esa capacidad. Lo cierto es que el promedio transportado de esa época no excedió los 150 mil barriles diarios.
La gente en Petroperú siempre se ha percibido y repetido, que se trataba de una “empresa estratégica”, que debía ser un negocio integrado verticalmente: (i) Explotación; (ii) Transporte; (iii) Refino; y (iv) Distribución.
Por su lado, los sucesivos gobiernos, entre chauvinistas e incapaces, trataron de exprimir la actividad petrolera, sin tener una mirada de largo plazo. Nadie impulsó la exploración petrolera ni la reposición de reservas. Pensaron sólo en la recaudación fiscal, maximizando la carga tributaria a las empresas contratistas.
La consecuencia de esta política de exacción, fue una caída de reservas y menor capacidad de producción (un efecto de “política boliviana” en chiquito). Hoy producimos en la selva el 10% de lo que fuera en las décadas de los 80s o 90s.
Ciertamente, con esa producción no es económico operar el oleoducto. Entre tanto, ante gobiernos débiles, sin visión ni objetivos, la vecindad del oleoducto aprendió, que su mejor “negocio” es sabotear y siniestrar el tubo, convirtiéndolo en una carga insoportable para una empresa en falencia permanente y que ya no lo quiere.
Las empresas extractivas saben, que su primera tarea es explorar y descubrir nuevas reservas, para luego, pensar en proporcionar las capacidades de tratamiento o refino, más adecuadas al tipo de recurso encontrado (petróleo ligero, pesado, alto o bajo en azufre, etc.).
Aquí, la incapacidad de los ejecutivos de Petroperú y de los gobernantes de turno, los llevó a involucrarse en la construcción de una nueva refinería que no necesitaban y para un petróleo que no tenían ni conocían.
En consecuencia, hoy tenemos una super inversión US$ 6,000 millones, con una super deuda, pero tenemos que importar crudo ligero para llenar la refinería, ya que el flexicocking no funciona para refinar petróleo pesado.
Tenemos como tarea pendiente, castigar penalmente a quienes tomaron la mala decisión de construir una refinería sin contar con un elemental estudio de factibilidad y sin haber impulsado previamente las exploraciones, dejándonos en el peor de los escenarios.
Pero, además, lo que debemos hacer, es tomar una decisión estratégica, de cara al futuro, analizando lo siguiente:
- Avanzada la cuarta parte del siglo XXI, ¿debemos impulsar exploración petrolera en la selva? Si la respuesta es sí.
- Debemos convocar urgentemente a empresas petroleras capaces de ejecutar esta tarea.
- La consecuencia inmediata es que, para atraerlos, debemos asegurarles capacidad de transporte con el oleoducto (ONP) y prepararnos a invertir entre US$ 1,000 y US$ 1,500 millones en su repotenciación.
- Si la respuesta es, que no impulsaremos la actividad petrolera en la selva, entonces debemos iniciar la remediación ambiental y cierre del ONP, en lo que debemos de gastar una suma similar a la antes indicada. Obviamente, no se puede abandonar los tubos y dejarlo sin remediar, con un gasto anual de US$150 millones anuales a perpetuidad.
- Crucemos los dedos para que la exploración del lote Z-62, frente a La Libertad, sea exitoso y nos produzca al menos 150 mil barriles diarios.
En estas circunstancias, debemos plantearnos: (I) El plan de negocios para los actuales activos de Petroperú y (II) Cómo vamos a enfrentar nuestra solución energética de cara al futuro.
I. El Plan de Negocios ya adelantado bien podría consistir en:
- Separar la refinería de Petroperú, sin deudas, y entregarla en venta a un operador calificado capaz de maximizar su valor. El valor que se obtenga de esa venta, servirá para reducir la deuda.
- Separar las instalaciones portuarias y de almacenaje, las que podrían entregarse en arrendamiento a alguno de los comercializadores de combustible que hoy atienden el 70% del mercado de combustible o vendérselas.
- Vender los activos no estratégicos.
- Seguir atendiendo la distribución actualmente cubierta por Petroperú o transferirle esa responsabilidad a alguno de los operadores actuales, canalizando el subsidio deseado a través de ellos.
II. La solución energética a futuro, debería consistir en:
- En el corto plazo, unos 90 mil barriles diarios de crudo, ojalá del Lote Z-62 a ser refinados en Talara, complementados con combustible importado (unos 200 mil barriles diarios).
- Acelerar la transformación energética en el Perú.
- Impulsar construcción de centrales hidroeléctricas, fotovoltaicas, eólicas, incluso hidrógeno verde para el consumo regional (al sur, por ejemplo).
- No bajar la guardia con la exploración de gas en Camisea y El Candamo.
- No descartar el uso de energía nuclear.
Aprender la lección y evitar, que el Estado actúe como empresario. Ya sabemos hasta donde son capaces de llevarnos burócratas dorados irresponsables, decidiendo sobre el destino de nuestro dinero.
¡Corrijamos de una vez el daño que nos hace Petroperú y pensemos en SEDAPAL y ESSALUD! Lampadia






