Hans Rothgiesser
Expreso, 12 de enero del 2026
Algunos gestores culturales han estado celebrando que en el mes de octubre haya habido tantas películas peruanas en las salas de cine. Burlonamente -porque no tienen otra manera de exponer sus argumentos incompletos- pretendieron desacreditar a los que critican la ley de cine anterior, diciendo que esta situación demuestra que sí hay industria del cine en el Perú y que eso se logró gracias a las subvenciones entregadas a través del Ministerio de Cultura en todos estos años. Sin embargo, hay muchísimos errores con esa posición.
Primero, esto no es una industria. La actividad del cine en el Perú está mantenida por nuestros impuestos a través del Ministerio de Cultura. Todos conocemos la historia. En ese sentido, los cineastas peruanos no son artistas o emprendedores o gestores culturales. Son funcionarios públicos que viven de nuestras contribuciones gracias a un muy estratégico e inteligente lobby. Y como funcionarios públicos que son, no tienen que preocuparse por hacer bien su trabajo. Solo cumplir. Y a veces ni eso, porque hay varios proyectos que son premiados por el Ministerio de Cultura y reciben sus miles de soles y nunca son producidos. Pero de eso nadie dice nada.
Segundo, el número de películas peruanas en las salas comerciales no responde a un mejor conocimiento de los ciclos comerciales o de los intereses de la audiencia. No responde a la creatividad o al talento del cineasta peruano. Responde a un incremento de ese presupuesto del Ministerio de Cultura de financiar cada vez más películas. En ese sentido, lo que refleja es el éxito del lobby político y de influir en la opinión pública para que los apoyen con más y más dinero de los contribuyentes.
Tercero, no soy crítico de cine, así que no voy a opinar sobre la calidad del contenido. Lo que sí puedo observar objetivamente es que la cantidad de espectadores que van a ver estas películas. Las cifras que tenemos son bastante bajas. Entonces, si estas películas se hacen para promover industria, ya estamos viendo que no lo están logrando. Y si lo estamos haciendo para difundir temas culturales o sociales, hay usos mucho más eficientes de nuestro dinero con el que podríamos obtener mejores resultados.
Cuarto, la presencia de estas películas en las salas comerciales no es mérito de los cineastas peruanos, sino de los ciclos propios de esta industria. Los meses de setiembre y octubre son temporada baja, porque no hay estrenos fuertes de Hollywood. En Estados Unidos hay dos temporadas altas: mayo y junio por el verano y noviembre y diciembre por las vacaciones y navidad. Ahí es cuando llegan al Perú, por consecuencia, las películas de mayores taquillas del año. El resto del tiempo, las películas peruanas no compiten con nada fuerte. Cuando le ganen a los blockbusters del año, hablamos.
Por lo pronto, no hablen de industria del cine. Ustedes no son artistas o guerreros de la cultura. Ustedes son funcionarios públicos que viven de los impuestos de los contribuyentes. No se pongan gallitos cuando sus empleadores -todos los que pagamos impuestos- no estamos satisfechos con el trabajo que están haciendo.






