Diego Macera
Perú21, 30 de julio del 2025
Director del IPE señala que «ya no hay una buena salida» para la empresa estatal.
En su último Mensaje a la Nación, la presidenta Dina Boluarte elogió a Petroperú, pese a las pérdidas que registra la empresa. El director del Instituto Peruano de Economía (IPE), Diego Macera, consideró que es «urgente vender todo lo que pueda de su accionariado».
La presidenta ha señalado que Petroperú tiene un horizonte promisorio, pero desde la empresa ha informado que cerrará este año en rojo.
Lo trágico es que ya no hay una buena salida para Petroperú y su refinería. Ese bote zarpó hace unos 10 años. Ahora, hagamos lo que hagamos, nos va a costar un montón de plata. Lo que deberíamos intentar es que cueste lo menos posible.
¿Cómo logramos eso?
Es urgente vender todo lo que se pueda de su accionariado, aunque no es fácil vender una empresa quebrada. Para lograrlo hay varios pasos. Ayudaría, por ejemplo, tener una ley que facilite la venta, blinde al directorio del manoseo político, y le brinde al accionista un buen nivel de control aún si fuera minoritario. Ayudaría que se privatice o concesione lo antes posible todo lo que se pueda de la gestión. Y habría que buscar potenciales compradores que quizá vean más allá del aspecto únicamente financiero, sino que tengan algún interés estratégico. Una posibilidad serían los saudíes.
En el Ejecutivo se habla de una reestructuración, ¿eso implicaría darle más dinero?
Lo que ha planteado la administración es bastante peligroso. Se dicho, básicamente, que la deuda de Petroperú pasaría a ser respaldada por todos los peruanos. Es como tener un hijo alcohólico y, en vez de ayudarlo a enderezarse, le decimos ahora que si él no paga su fiesta, nosotros la pagaremos por él. Así seguro se endereza…
Es decir, vamos a pagar todos los peruanos…
Si la empresa deja de pagar, sí, todos pagamos. El año pasado ya le habíamos dado varios millones.
¿Podríamos hablar hoy de un futuro prometedor?
No veo por dónde. El año pasado Petroperú perdió US$1,500 por minuto. Realmente, lo mejor que se puede esperar es que vaya perdiendo menos, pero eso depende de que sus operaciones -en especial la unidad de flexicoking- caminen bien. Pero sus deudas son agobiantes, monstruosas. Decir que su futuro es prometedor me parece excesivo.
Cambiando de tema, ¿qué señales necesita el privado en este último año de gestión?
De este Gobierno ya no necesita ver mucho más. Mal que bien, todos intuimos cómo serán los siguientes meses. No deja de ser interesante que las expectativas económicas empresariales hayan venido subiendo a pesar de todas las limitaciones de esta administración. Eso sugiere que el país necesitaba apenas una dosis de predictibilidad para poner varios motores escépticos en marcha.
¿Hay un clima de negocio estable?
Las reglas generales están claras, felizmente. Nadie va a controlar precios, depreciar la moneda, nacionalizar industrias, ni nada por el estilo. La Constitución existe para algo. Pero hay varios sectores que legítimamente podrían cuestionar la predictibilidad de su entorno de negocios. La bodega a la que extorsionan no tiene un clima de negocio estable. El minero formal con terreno invadido por ilegales tampoco. El sistema de justicia funciona mal, y esa es una parte indispensable de la estabilidad y predictibilidad.
¿Es posible crecer entre 3.1% y 3.5% como dijo la presidenta en su discurso?
El consenso de mercado pone las expectativas de crecimiento para este año en 3%. La parte baja del rango del mensaje 3.1% es razonable. Pero no debería dejar de llamar la atención que el Ministerio de Economía y Finanzas puso un rango para el año entre 3.5% y 4% en abril. Y ahora lo más probable es que haga las proyecciones de agosto, cuando toca el Marco Macroeconómico Multianual, con el 3.1% . Hay una diferencia de casi un punto entero entre los extremos de los dos rangos, y no ha pasado nada significativo en esos tres meses que explique la discrepancia.