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Lima-Perú, 24/11/2017 a las 12:11pm. por Lampadia

Sobre Lula, Odebrecht y Lava Jato

Dios perdona el pecado, pero no el escándalo

Es curioso como el escándalo de Odebrecht y Lava Jato, va transitando, en la política y medios peruanos, a la expresión de maniobras empresariales en pro de lucro desmedido.

¿Dónde quedó la estrategia de penetración imperialista del Partido de los Trabajadores, de la izquierda brasileña, dirigida por Lula, con la complicidad del chavismo venezolano, el castrismo cubano, y la careta del Foro de Sao Paulo?

Fuente: clarin.com

Lo que, es más, los ‘pecados’ de las constructoras brasileñas, devienen en ‘escándalos’, precisamente por la mano negra de la peor política, la de la manipulación de la vida de países vecinos, mediante el instrumento de empresas brasileñas corruptas, y la alianza con las izquierdas locales, que siempre guardaron mayor fidelidad a sus modelos extranjeros, llámense Stalin, Mao, Fidel, Chávez o Lula; que, a sus compatriotas, o a los pobres que dicen defender, pero solo son sus caretas de carbón.

¿Cómo serían las cosas en el Perú, si se tratara de un imperialista yanqui y sus empresas constructoras? ¿Hacia donde apuntarían las baterías de los políticos y de los periodistas? Con toda seguridad, el tema sería combatido como una vulgar y prepotente maniobra del imperialismo. No olvidemos la falsa moral del doble estándar.

Volviendo a la diferencia entre ‘pecados’ y ‘escándalos’, no podemos obviar un comentario sobre la tolerancia de los países europeos a los ‘pecados’. Recordemos que hasta hace unos pocos lustros, en Europa, particularmente en Alemania, las coimas pagadas por empresas alemanas en países sub-desarrollados, como el Perú, eran reconocidas como gasto deducible de las declaraciones de impuestos. O sea, el gobierno alemán, absorbía parte de los costos de la corrupción de sus empresas, en actividades normalmente dirigidas a la venta de bienes y servicios, contratos de obras, etc.

Las mismas actividades que desarrollaban las empresas brasileñas en el Perú. Las que seguramente, cuando recién llegaron al país, como en el caso de Odebrecht, que empezó sus servicios en 1979 en el proyecto de Charcani V, en Arequipa, andaban ‘en pecado, pero no en escándalo’.

Por supuesto, que tolerar el pecado, es un escándalo en sí mismo; razón por la cual los países europeos desterraron semejante práctica. Además, si uno quiere evitar el escándalo debe rechazar el pecado, que por más pequeño que pueda ser, trae las mismas consecuencias que expresa la figura del ‘síndrome de la ventana rota’, que invita a romper otra y luego todas.

Sin embargo, cuando se trata de analizar un fenómeno como el de Odebrecht y Lava Jato, no se puede dejar de señalar el origen y motivaciones del mismo. En este caso, en nuestra opinión, los ‘pecados’ de las constructoras brasileñas evolucionan al nivel de ‘escándalo’ por la intervención política de las izquierdas latinoamericanas.

Por ejemplo, cuando Marcelo Odebrecht dice que la práctica era aportar a todos los candidatos de sus países vecinos, esta solo se puede entender desde la perspectiva del ‘escándalo’, pues según las (malas) prácticas, mediante ‘pecados’, se podía allanar el camino de los contratos de la constructora con los ganadores políticos. ¿Para que invertir recursos que en un gran porcentaje no tendrían injerencia en sus negocios, sino era por instrucciones del ‘gran padrino’ de las izquierdas latinoamericanas, como parte de su desquiciado plan de penetración imperialista?

Pongamos pues las cosas en su lugar. El Perú ha sido víctima de una maniobra política de penetración extranjera, mediante las acciones de brazos empresariales. Desde esta perspectiva, ¿cómo debemos reaccionar y actuar? Lampadia

            

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