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Macron relanza Europa

Se aproximan las elecciones al Parlamento Europeo y con ello el fin de una feroz campaña entre dos grandes facciones partidarias. Aquella que ha sostenido firmemente la defensa del proyecto de la UE, compuesta por partidos como de la Unión Demócrata Cristiana en Alemania, presidido por AKK y anteriormente por Angela Merkel, y la República en Marcha en Francia, del que fue líder emblemático, Emmanuel Macron,  y aquella compuesta por partidos euroescépticos de tendencia nacionalista, como el Partido Conservador,  principal impulsor del Brexit en el Reino Unido.

Como escribimos previamente en Lampadia: ¿Fragmentación política en Europa?, este evento es de suma importancia en tanto determinará la dirección futura que tome el bloque europeo, en un contexto mundial de creciente hostilidad y animadversión hacia los “supuestos” males de la globalización y el libre comercio, de los cuales ya nos ocupamos en rebatir en anteriores publicaciones (ver Lampadia: Trampa ideológica, política, y académica, El legado del liberalismo de Margaret Thatcher).

En esta ocasión y a solo pocas semanas de las elecciones parlamentarias, la posta de la defensa de la UE la ha tomado el mismo presidente de Francia, Emmanuel Macron, a través de un discurso elaborado para la revista Project Syndicate y dirigido para todos los habitantes de este continente (ver artículo líneas abajo).

En él, Macron hace un llamado a los ciudadanos europeos a la reflexión, pero sobretodo, a rescatar un proyecto que ha sido vapuleado y criticado en los últimos años por los movimientos nacionalistas –cuyas alternativas de solución, como lo ha demostrado recientemente el Brexit sin un acuerdo de salida, no van más allá de decir no, sin un proyecto determinado- pero que guarda muchos más atributos que los de un simple “mercado común”.

En sus palabras, “[La UE] es un verdadero éxito histórico ya que ha permitido la reconciliación de un continente devastado, plasmada en un proyecto inédito de paz, prosperidad y libertad”.

En efecto, él destaca que gracias al proyecto europeo, los países del viejo continente han podido enfrentar satisfactoriamente las grandes crisis del capitalismo, las estrategias comerciales agresivas por parte de las potencias mundiales e inclusive la 4ta Revolución Industrial que aquejan a los países más atrasados como los emergentes.

Sin embargo, él también enfatiza en la necesidad de ahondar en ciertas políticas públicas que permitan adecuar a la UE en estos tiempos de descontento generalizado, las cuales se pueden caracterizar en torno a tres valores, que él considera fundamentales:

  • Libertad: Garantizar en los años venideros la libertad democrática en todos los países del bloque.
  • Protección: Garantizar, a la luz de la realidad de la diversidad de los países del bloque, la competencia leal y homologación de las condiciones de inmigración y defensa.
  • Progreso: Fortalecer los sistemas de seguridad social y emprender iniciativas contra el cambio climático.

Esperemos que los europeos que acudan a las urnas en las elecciones parlamentarias que acontecerán en el mes de mayo tomen en cuenta todo el progreso generado por la UE desde su fundación, que Macron ha esbozado tan elegantemente en el siguiente discurso. Lampadia

Por un Renacimiento Europeo

Project Syndicate
4 de marzo, 2019
Emmanuel Macron
Presidente de Francia
Glosado por Lampadia

Ciudadanos de Europa: Si me he tomado la libertad de dirigirme a ustedes directamente, no es solo en nombre de la historia y de los valores que nos unen, sino también porque hay urgencia. Dentro de unas semanas, las elecciones europeas serán decisivas para el futuro de nuestro continente.

Nunca antes, desde la Segunda Guerra Mundial, Europa ha sido tan necesaria. Y, sin embargo, nunca ha estado tan en peligro.

El Brexit es ejemplo de todo ello. Ejemplo de la crisis de una Europa que no ha sabido satisfacer las necesidades de protección de los pueblos frente a los grandes cambios del mundo contemporáneo. Ejemplo, también, de la trampa europea. La trampa no es pertenecer a la Unión Europea, sino la mentira y la irresponsabilidad que pueden destruirla. ¿Quién les ha contado a los británicos la verdad sobre su futuro tras el Brexit? ¿Quién les ha hablado de perder el acceso al mercado europeo? ¿Quién ha advertido de los peligros para la paz en Irlanda si se vuelve a la frontera del pasado? El repliegue nacionalista no tiene propuestas; es un «no» sin proyecto. Y esta trampa amenaza a toda Europa: los que explotan la rabia, ayudados por noticias falsas, prometen una cosa y la contraria.

Frente a estas manipulaciones, debemos mantenernos firmes. Orgullosos y lúcidos. Recordemos primero qué es Europa. Es un éxito histórico: la reconciliación de un continente devastado, plasmada en un proyecto inédito de paz, prosperidad y libertad. No lo olvidemos nunca. Hoy día, este proyecto nos sigue protegiendo. ¿Qué país puede actuar solo frente a las estrategias agresivas de las grandes potencias? ¿Quién puede pretender ser soberano, solo, frente a los gigantes digitales? ¿Cómo resistiríamos a las crisis del capitalismo financiero sin el euro, que es una baza para toda la Unión? Europa es también esos miles de proyectos cotidianos que han cambiado la faz de nuestros territorios: una escuela renovada aquí, una carretera asfaltada allá, un acceso rápido a Internet que está llegando al fin… Esta lucha es un compromiso diario, porque Europa, como la paz, no viene dada. En nombre de Francia, abandero esta lucha sin descanso para hacer avanzar a Europa y defender su modelo. Hemos demostrado que lo que nos dijeron que era inalcanzable –como la creación de una defensa europea o la protección de los derechos sociales– finalmente era posible.

Con todo, hay que hacer más y más rápido. Porque hay otra trampa: la del statu quo y la resignación. Frente a las grandes crisis mundiales, los ciudadanos nos dicen a menudo: «¿Dónde está Europa? ¿Qué está haciendo Europa?». Para ellos, se ha convertido en un mercado sin alma. Pero sabemos que no es solo un mercado, que es también un proyecto. El mercado es útil, pero no debe hacernos olvidar lo necesario de las fronteras que nos protegen y de los valores que nos unen. Los nacionalistas se equivocan cuando pretenden defender nuestra identidad apelando a la salida de Europa, porque es la civilización europea la que nos une, nos libera y nos protege. Pero los que no querrían cambiar nada también se equivocan, porque niegan los temores que atraviesan nuestros pueblos, las dudas que socavan nuestras democracias. Estamos en un momento decisivo para nuestro continente. Un momento en el que, colectivamente, debemos reinventar, política y culturalmente, las formas de nuestra civilización en un mundo cambiante. Es el momento para el Renacimiento Europeo. Así pues, resistiendo a las tentaciones del repliegue y la división, quiero proponer que, juntos, construyamos ese Renacimiento en torno a tres aspiraciones: la libertad, la protección y el progreso.

El modelo europeo se basa en la libertad individual y la diversidad de opiniones y de creación. Nuestra libertad primera es la libertad democrática, la de elegir a nuestros gobernantes allí donde, en cada cita electoral, hay potencias extranjeras que intentan influir en nuestros votos. Propongo que se cree una Agencia Europea de Protección de las Democracias que aporte expertos europeos a cada Estado miembro para proteger sus procesos electorales de ciberataques y manipulaciones. En este espíritu de independencia, también debemos prohibir la financiación de partidos políticos europeos por parte de potencias extranjeras. Asimismo, a través de reglas europeas, debemos desterrar de Internet el discurso del odio y la violencia, porque el respeto al individuo es la base de nuestra civilización de la dignidad humana.

Proteger nuestro continente

Fundada en la reconciliación interna, la Unión Europea se ha olvidado de mirar a otras realidades en el mundo. Ahora bien, ninguna comunidad genera un sentimiento de pertenencia si no tiene límites que proteger. La frontera es la libertad en seguridad. En este sentido, debemos revisar el espacio Schengen: todos los que quieran participar en él deberán cumplir una serie de obligaciones de responsabilidad (control riguroso de fronteras) y solidaridad (una misma política de asilo con las mismas reglas de acogida y denegación). Una policía de fronteras común y una Oficina Europea de Asilo, estrictas obligaciones de control y una solidaridad europea a la que contribuyan todos los países bajo la autoridad de un Consejo Europeo de Seguridad Interior. Frente a las migraciones, creo en una Europa que protege a la vez sus valores y sus fronteras.

Estas mismas exigencias deben aplicarse a la defensa. Pese a que en los dos últimos años se han registrado avances significativos, debemos establecer un rumbo claro. Así, un tratado de defensa y seguridad deberá definir nuestras obligaciones ineludibles, en colaboración con la OTAN y nuestros aliados europeos: aumento del gasto militar, activación de la cláusula de defensa mutua y creación de un Consejo de Seguridad Europeo que incluya al Reino Unido para preparar nuestras decisiones colectivas.

Nuestras fronteras también deben garantizar una competencia leal. ¿Qué potencia acepta mantener sus intercambios con aquellos que no respetan ninguna de sus reglas? No podemos someternos sin decir nada. Tenemos que reformar nuestra política de competencia, refundar nuestra política comercial: sancionar o prohibir en Europa aquellas empresas que vulneren nuestros intereses estratégicos y valores fundamentales –como las normas medioambientales, la protección de datos o el pago justo de impuestos– y adoptar una preferencia europea en las industrias estratégicas y en nuestros mercados de contratación pública, al igual que nuestros competidores estadounidenses o chinos.

Recuperar el espíritu de progreso

Europa no es una potencia de segunda clase. Toda Europa está a la vanguardia: siempre ha sabido definir las normas del progreso y en esta línea debe ofrecer un proyecto de convergencia, más que de competencia. Europa, que creó la seguridad social, debe establecer para cada trabajador, de este a oeste y de norte a sur, un escudo social que le garantice la misma remuneración en el mismo lugar de trabajo, y un salario mínimo europeo adaptado a cada país y revisado anualmente de forma colectiva.

Retomar el hilo del progreso es también liderar la lucha contra el cambio climático. ¿Podremos mirar a nuestros hijos a los ojos si no logramos reducir nuestra deuda con el clima? La Unión Europea debe fijar sus ambiciones –cero carbono en 2050, reducción a la mitad de los pesticidas en 2025– y adaptar sus políticas a esta exigencia: Banco Europeo del Clima para financiar la transición ecológica, dispositivo sanitario europeo para reforzar el control de nuestros alimentos, y, frente a la amenaza de los lobbiesevaluación científica independiente de sustancias peligrosas para el medio ambiente y la salud, etc. Este imperativo debe guiar todas nuestras acciones. Del Banco Central Europeo a la Comisión Europea, pasando por el presupuesto europeo o el Plan de Inversiones para Europa, todas nuestras instituciones deben tener al clima como prioridad.

Progreso y libertad es poder vivir del trabajo y, para crear empleo, Europa debe ser previsora. Para ello, no solo debe regular a los gigantes del sector digital, creando una supervisión europea de grandes plataformas (sanciones aceleradas para las infracciones de las normas de la competencia, transparencia de algoritmos, etc.), sino también financiar la innovación asignando al nuevo Consejo Europeo de Innovación un presupuesto comparable al de Estados Unidos para liderar las nuevas rupturas tecnológicas como la inteligencia artificial.

Una Europa que se proyecta hacia el resto del mundo debe mirar a África, con quien debemos sellar un pacto de futuro, asumiendo un destino común y apoyando su desarrollo de forma ambiciosa y no defensiva con inversión, colaboración universitaria, educación y formación de las niñas, etc.

Libertad, protección, progreso. Sobre estos pilares debemos construir el Renacimiento Europeo.

  • No podemos dejar que los nacionalistas sin propuestas exploten la rabia de los pueblos.
  • No podemos ser los sonámbulos de una Europa lánguida.
  • No podemos estancarnos en la rutina y el encantamiento.

El humanismo europeo exige acción y por todas partes los ciudadanos están pidiendo participar en el cambio. Así pues, antes de finales de año, organicemos una Conferencia para Europa, junto a los representantes de las instituciones europeas y los Estados, con el fin de proponer todos los cambios necesarios para nuestro proyecto político, sin tabúes, ni siquiera revisar los tratados. Dicha conferencia deberá incluir a paneles de ciudadanos y dar voz a universitarios, interlocutores sociales y representantes religiosos y espirituales. En ella se definirá una hoja de ruta para la Unión Europea que traduzca estas grandes prioridades en acciones concretas. Tendremos discrepancias, pero ¿qué es mejor, una Europa estancada o una Europa que avanza a veces a ritmos diferentes, manteniéndose abierta al exterior?

En esta Europa, los pueblos habrán recuperado realmente el control de su destino. En esta Europa, estoy seguro de que el Reino Unido encontrará su lugar.

Ciudadanos de Europa: el impasse del Brexit nos sirve de lección a todos. Salgamos de esta trampa y démosle un sentido a las próximas elecciones y a nuestro proyecto. Ustedes deciden si Europa y los valores de progreso que representa deben ser algo más que un paréntesis en la historia. Esta es la propuesta que les hago para trazar juntos el camino del Renacimiento Europeo. Lampadia




La clave del éxito de Juan Guaidó

La repentina aparición de Juan Guaidó en la escena política venezolana ha generado múltiples reacciones de los principales líderes políticos en nuestra región y en el ámbito internacional.

Desde que se autoproclamara presidente de Venezuela el pasado 23 de enero, en su condición de jefe de la Asamblea Nacional, 41 países que incluyen a importantes miembros de la UE (Alemania, Francia, España, entre otros), EEUU, Canadá, y la gran mayoría de los países latinoamericanos, incluido el Perú, han reconocido su legitimidad como auténtico líder de su país.

Fuente: Elaboración de 20minutos.es más Lampadia

A esto se ha sumado un reciente aval y llamado del Parlamento Europeo el pasado 31 de enero, que insta a los demás países de la UE a que se sumen al reconocimiento de Guaidó, por lo que se espera que su apoyo crezca aún más en los próximos días.

Este apoyo es relevante ya que Guaidó ha despertado las esperanzas de millones de venezolanos que han vivido y siguen sufriendo en carne propia la miseria generada por la perversa dictadura del chavismo liderado por Nicolás Maduro, el cual pretende enquistarse en el poder por 6 años más tras obtener la victoria en unas elecciones presidenciales fraudulentas y altamente cuestionables de mayo pasado. (ver LampadiaDándole la estocada final a la crisis venezolana)

Un desplome del PBI per cápita y del poder adquisitivo del bolívar, un aumento desenfrenado de la mortalidad infantil, una explosión de las solicitudes de asilo y de la inmigración hacia varios países de la región, son algunos de los indicadores que reflejan la gravedad de la crisis económica, política y social que enfrenta nuestro país vecino, Venezuela. Ver algunos indicadores:

En este contexto, Guaidó se presenta como una alternativa de cambio, que, de presentarse la renuncia de Maduro, asumiría plenamente la presidencia interina y se convocarían a nuevas elecciones, facilitando un proceso democrático y libre de violencia. Este es el camino que la comunidad internacional que avala a Guaidó espera y consideramos que es el adecuado, de cara una vez más a la larga crisis que ha enfrentado nuestro país vecino.

Sin embargo, como indicó recientemente un artículo de The Economist, aún cuando Guaidó pueda aglutinar mayor apoyo diplomático de más países a nivel internacional, su principal reto seguirá siendo el de calar en las fuerzas del ejército venezolano, ya que este apoyo presionará aún más a Maduro a renunciar al poder tiránico que detenta.

Consideramos que el internalizar este problema y abordarlo con una debida persuasión por parte de Guidó hacia las fuerzas militares, será clave para el éxito de una eventual salida de la crisis humanitaria de Venezuela.

No podemos dejar de poner el acento en la dificultad de la situación política, con unas Fuerzas Armadas corrompidas en gran medida, la presencia del narcotráfico internacional y la presencia y el soporte de todos los recursos de inteligencia del régimen cubano.

Líneas abajo reproducimos parte del pronunciamiento del Grupo de Lima en Canadá:

DECLARACIÓN DEL GRUPO de LIMA 4 de FEBRERO 2019

Los Gobiernos de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay y Perú, miembros del Grupo de Lima, expresan lo siguiente:

1.  Reconocer y respaldar a Juan Guaidó

2.  Acoger a Venezuela en el Grupo de Lima.

3. Reconocer a los representantes designados por Guaidó.

4. Observar que las iniciativas de diálogo propiciadas por diversos actores internacionales fueron manipuladas por el régimen de Maduro.

5. Llamado al restablecimiento inmediato de la democracia.

6. Condenar las serias violaciones a los derechos humanos.

7. Urgir el restablecimiento de la plena libertad de prensa.

9. Preocupación por la situación de los presos políticos.

10. Profunda preocupación por la grave situación humanitaria.

11. Llamado a la Fuerza Armada de Venezuela para que manifieste su lealtad al Presidente Encargado.

12. Reiteran su preocupación por el éxodo provocado por la crisis política, económica y social en Venezuela.

(…) Siguen otros puntos (Ver en CNN)

DECLARACIÓN de OTTAWA POR VENEZUELA
OTTAWA, 4 de FEBRERO 2019

A continuación, compartimos el mencionado artículo de The Economist que brinda mayores detalles acerca de la figura política de Juan Guaidó y el principal reto que enfrentará en los próximos días, para darle punto final a la dictadura de Nicolás Maduro. Lampadia

Una república, dos presidentes
Juan Guaidó gana reconocimiento diplomático como presidente de Venezuela

Pero Nicolás Maduro todavía controla el ejército

The Economist
26 de Enero, 2019
Caracas
Traducido y glosado por Lampadia

La multitud lo instó a seguir. “¡Juramente! ¡Juramente!”, Gritaban. Y luego lo hizo. Juan Guaidó, el político larguirucho de 35 años, desconocido para la mayoría de los venezolanos hace un mes, levantó su mano derecha y se declaró a sí mismo como presidente en funciones de la República. Decenas de miles de personas, reunidas en Caracas el 23 de enero como parte de una manifestación nacional contra el desastroso régimen de Nicolás Maduro, ahora considerado un usurpador, lanzaron un grito de alegría.

Al final de la tarde, el hombre que Maduro y sus amigos intentaron despedir como un “niño pequeño” había sido reconocido internacionalmente como el líder legítimo de un país con algunas de las reservas de petróleo más grandes del mundo. El presidente Donald Trump fue el primero en respaldarlo; Canadá y todas las principales economías de América del Sur siguieron.

El ascenso de Guaidó a la prominencia ha sido espectacular. El 5 de enero fue elegido como jefe de la Asamblea Nacional de Venezuela como parte de un acuerdo para compartir el poder entre los principales partidos de oposición. Parecía casi el presidente accidental, seleccionado en gran parte debido a la falta de otras opciones. De los dos candidatos más obvios en su partido, Voluntad Popular, uno está bajo arresto domiciliario y el otro se refugió en la embajada chilena. La asamblea ha estado inactiva desde 2016. Después de que la oposición ganó la mayoría en la cámara el año anterior, Maduro la neutralizó, reemplazándola por un seudo parlamento que obedece sus órdenes.

Pero Guaidó ha usado hábilmente su posición como un recién llegado con aparentemente pocos enemigos para suspender las disputas internas dentro de la oposición y revitalizar las esperanzas de todos aquellos que quieren ver el fin del gobierno de Maduro. Su aparición se produce en un momento en que los vecinos de Venezuela, incluido Estados Unidos, buscan urgentemente una solución a la crisis del país. La incompetencia de Maduro ha empobrecido a los venezolanos, obligando a alrededor de una décima parte de la población a emigrar. El año pasado, celebró elecciones fraudulentas y se otorgó un período adicional de seis años, que comenzó el 10 de enero. La constitución venezolana dice que, si el puesto del presidente está vacante, como afirma la oposición, el jefe de la Asamblea Nacional debería asumir el cargo.

De una familia de clase media en el estado costero de Vargas, Guaidó, un ex estudiante de ingeniería, no tiene ninguno de los aires elitistas de la generación mayor de líderes de la oposición. Él y su familia perdieron su hogar en un desastre catastrófico en 1999, que mató a decenas de miles de personas. Esa experiencia, y el mal manejo de las consecuencias por parte del gobierno de Hugo Chávez, el mentor de Maduro, lo llevaron a la política. Se unió a Voluntad Popular cuando fue fundado en 2009 por Leopoldo López (quien sigue siendo el líder del partido, pero está bajo arresto domiciliario). Se ha centrado en rastrear los miles de millones de bolívares robados bajo las administraciones de Maduro y Chávez.

Guaidó se negó repetidamente a declararse presidente, diciendo que necesitaba el apoyo tanto de la gente como de las fuerzas armadas. Las crecientes protestas son evidencia de que cuenta con el respaldo de la gran mayoría de los venezolanos, incluso de los barrios pobres de Caracas, donde el hambre y la ira han vencido el temor del régimen. Pero Guaidó todavía no puede afirmar que cuenta con el apoyo del ejército. Hubo pequeñas revueltas militares, recientemente el 21 de enero, cuando 27 guardias nacionales robaron armas y se declararon en rebelión antes de ser arrestados. Los líderes militares, que controlan áreas clave de la economía, desde el petróleo hasta la minería y la distribución de alimentos, permanecen leales a Maduro.

Guaidó está ofreciendo amnistías a quienes desertan. Sin embargo, hasta que eso suceda, Venezuela tendrá dos presidentes: uno con la legitimidad y el otro con las armas. Lampadia