Miguel Ángel Torres
El Comercio, 22 de febrero del 2026
La elección de José María Balcázar es la crónica de una pesadilla anunciada porque, tal como advertimos desde días antes de la censura de José Jerí, había grandes posibilidades de que en su reemplazo fuera elegido un congresista de izquierda radical, como efectivamente ha ocurrido. A Rafael López Aliaga (RLA) no le importaron las consecuencias –que eran totalmente previsibles– y priorizó el cálculo político sobre el interés nacional.
RLA no puede decir que no sabía que este resultado podía generarse porque siempre fueron evidentes las grandes dificultades que el bloque democrático tuvo para no perder la conducción de la Mesa Directiva del Congreso desde el principio de este período parlamentario, precisamente debido al comportamiento irresponsable de la bancada de Renovación Popular, que se negaba a trabajar una lista de consenso si no la presidía alguno de sus integrantes, impulsando una lista propia en cada elección y dividiendo a la derecha, lo que obligó a que Fuerza Popular se autoexcluyera de participar en la Mesa Directiva –como le correspondía por tener la segunda bancada más numerosa– en aras de mantener la unidad.
RLA y Renovación Popular han actuado con absoluta irresponsabilidad, propiciando la censura de Jerí, a menos de dos meses de las elecciones, sin tener un planteamiento alternativo para dar estabilidad al país y sin siquiera proponer a alguien confiable que pudiera reemplazarlo. Lo único que les interesaba era ganar votos.
Tan preocupante como su improvisación y negligencia al manejar asuntos de Estado de la mayor trascendencia es la actitud cínica de intentar culpar a otros de su propio manejo irresponsable e impredecible, motivado exclusivamente por el deseo de obtener una ventaja electoral. El Perú no se merece liderazgos movidos por impulsos emotivos o ambiciones personales, sino liderazgos firmes, responsables y conscientes de cada acto sobre la estabilidad nacional.






