Juan Carlos Cáceres Simons
26 de febrero del 2026
Hace un par de días publiqué una alerta: entre el sábado y el domingo podían presentarse tormentas y condiciones críticas en Arequipa. Ayer temprano volví a publicar porque se estaban armando condiciones meteorológicas complicadas. Ambas cosas ocurrieron: Arequipa fue azotada nuevamente y la Panamericana terminó bloqueada por huaicos en varios sectores cercanos a Vítor.
Por trabajo y por actividad deportiva estoy acostumbrado a revisar el tiempo constantemente, porque mi seguridad depende de eso. No se trata de una app “diciendo -va a llover-”. Se trata de cruzar fuentes; lo puedes replicar: En Windy comparo modelos (ECMWF / GFS / ICON) y veo si coinciden en el mismo corredor. En NOAA (CMORPH) miro el histórico de lluvia de 24–48 horas para identificar zonas ya cargadas. Con satélite GOES observo cómo se organiza la convección y hacia dónde se desplaza. Y con SENAMHI reviso el contexto local y avisos.
En Arequipa, lo que pasa arriba termina pasando abajo. Puede estar soleado en tu distrito y estar lloviendo fuerte en los volcanes. Si la tormenta se arma en la zona del Chachani, el efecto se siente hacia abajo: Cayma, Yanahuara, Cerro Colorado (Zamacola) y hasta Yura quedan dentro del corredor, y el agua termina buscando salida por cauces, quebradas y torrenteras. El riesgo no lo define el cielo que estás viendo, sino lo que está pasando kilómetros arriba.
Además, estas lluvias ya no encuentran un suelo “seco”: el terreno quedó acolmatado de humedad y las torrenteras vienen con barro acumulado. En esa condición, una lluvia rápida -aunque parezca ligera- ya no se absorbe: se desliza. Corre por superficie, suma caudal en minutos y activa aniegos, torrenteras y huaicos.
Y hay un tema de fondo que duele: la ciudad ha crecido desordenada. Se construyó donde no correspondía, se estrecharon cauces y se invadieron zonas que debían mantenerse libres. El resultado se ve hoy en familias que lo pierden todo. Eso no se arregla en un día, pero la prevención inmediata sí está en manos de cada uno.
Acciones simples que evitan pérdidas:
Revisar la ruta antes de salir de casa o de viaje. Mover los autos a tiempo y llevarlos a un lugar seguro. No transitar ni estacionar en avenidas que sabemos que se convierten en río.
No intentes cruzar intersecciones, badenes o pasos bajos cuando el agua ya corre: ahí se concentra y se acelera. Un auto de dos toneladas puede irse como barquito de papel. El agua en movimiento no perdona.
Si te sorprende en el tráfico y el agua ya está empujando el auto: cinturón fuera, puerta/ventana y salir hacia lo alto. La demora mata.
Si estás en la calle: no te acerques a torrenteras aunque “parezca tranquilo”. No cruces a pie si el agua te llega a media pantorrilla y se mueve rápido: te puede tumbar.
Si estás en casa y empieza a entrar agua: corta la electricidad (tablero general) y evita enchufes/pisos mojados. Sube a un nivel más alto si el caudal crece y no hay salida. Barro + agua pesan y empujan.
La naturaleza no negocia.
Para hoy, el escenario todavía puede complicarse por la tarde: posibilidad de tormenta nuevamente en el Chachani. Si se vuelve a activar la descarga arriba, aunque sea poca lluvia, el impacto abajo llega rápido. Criterio y prevención.
Epicteto lo resumía así: hay cosas que dependen de nosotros y cosas que no; la diferencia está en actuar a tiempo.






