Jaime de Althaus
El Comercio, 21 de febrero del 2026
“La solución es una desregulación profunda que permita el crecimiento de los emprendimientos en una formalidad inclusiva, y el reordenamiento meritocrático del Estado”.
Ya era una vergüenza para el Perú que un presidente, por más inmoral que fuere, pudiese ser despedido con la mayoría simple de los presentes burlando la Constitución que establece para ese fin el procedimiento de la vacancia. Como bien escribe Juan José Garrido, la institucionalidad en el Perú funciona con reglas informales y la ley al final se interpreta y se adapta. No hay estado de derecho.
Tampoco hay ideologías. La coalición que ha elegido a José María Balcázar es una coalición de intereses y de cuotas de poder, no de ideas ni programas. Las bancadas le ofrecieron el voto a cambio de conservar posiciones en el Ejecutivo y beneficios varios. Según Martin Hidalgo, profundo conocedor del Congreso, Alianza para el Progreso (APP) quería retener el poder en el MEF, en la Autoridad Nacional de Infraestructura (ANIN) y en Essalud. Somos Perú querría mantener en el Ejecutivo a afiliados que fueron colocados en distintos puestos durante el gobierno de José Jerí. Evidentemente Maricarmen Alva no les daba esa seguridad. En el propio Acción Popular por lo menos dos congresistas votaron por Balcázar con miras a tener cuotas en el nuevo gobierno.
Esto es patrimonialismo: manejar la cosa pública como si fuera mi propiedad. Hemos argumentado que la formalidad es tan cara y asfixiante en el Perú que es muy difícil prosperar en el mercado formal y por lo tanto muchos optan por capturar el Estado como vehículo de ascenso social y económico. Es lo que ocurre en los gobiernos subnacionales, verdaderos botines presupuestales. Pero vemos que ocurre también a nivel nacional en algunos ministerios y en el Congreso.
La solución es una desregulación profunda que permita el crecimiento de los emprendimientos en una formalidad inclusiva, y el reordenamiento meritocrático del Estado, lo que supone enfrentar a las argollas y mafias enquistadas. Pocos candidatos lo proponen, pero para que se oigan esas propuestas y haya mandato para ellas hay que regresar a la campaña.
Ahora bien, que una coalición de intereses haya elegido a Balcázar no impide que pueda haber un designio detrás. El flamante presidente promete un proceso electoral limpio y respetar la línea macroeconómica. Pero al mismo tiempo ha ofrecido rascar la olla fiscal para cumplir con la deuda social a los maestros y a los “hermanos del sur”, lo que rompería el equilibrio fiscal y también la neutralidad electoral, porque es una manera de buscar votos. ¿Para quién? Su relación es con Perú Libre. Vladimir Cerrón, por su parte, le ha programado a través de X varias tareas, y ha explicado cuál fue la estrategia leninista para lograr su elección: la cadena heterogénea: infiltrar a los partidos de derecha para desde dentro conseguir los votos.
Podría ser fanfarroneo. Sin embargo, Martin Hidalgo precisa que, de hecho, de los 26 congresistas que salieron de Perú Libre, tres están en APP (donde Jorge Marticorena es muy cercano a Balcázar), tres en Podemos (donde Guido Bellido fue el primero en lanzar la candidatura de Balcázar), y cuatro en Somos Perú. Esas son las bancadas que inclinaron la votación en favor de Balcázar.
Entonces tenemos que estar muy atentos al pretendido titiritero.






