Iván Alonso
El Comercio, 27 de febrero del 2026
“Si queremos aumentar el gasto social, tenemos que reducir otros gastos”.
Algunos candidatos parecen confundir las reservas internacionales con un fondo de reserva del que el Gobierno pueda echar mano para atender el llamado gasto social. Por lo que hemos escuchado hasta ahora en la campaña, la confusión parece más extendida en los partidos que se reconocen de izquierda; y llama particularmente la atención en el caso de Alfonso López Chau, el candidato de Ahora Nación, que ha sido miembro del directorio del Banco Central de Reserva (BCR) durante seis años y, por lo mismo, sabe o debería saber qué diferencia hay entre ambos conceptos.
El BCR tiene esencialmente dos maneras de emitir los soles de los que está hecho nuestro sistema monetario: puede dar créditos, en cantidades limitadas, al sector público o puede comprar dólares en el mercado cambiario. Cuando esos dólares se invierten o se depositan en el exterior, reciben el nombre de reservas internacionales. Son el respaldo de la moneda nacional en el sentido contable de que tiene que haber tanto o más reservas internacionales (y crédito al sector público) a un lado del balance del BCR como soles emitidos al otro lado. No son reservas en el sentido de una cuenta de ahorros del gobierno.
Si el BCR decidiera liquidar el 30% o 50% de sus reservas internacionales, tendría que salir a vender esos dólares y retirar soles de circulación. Una caída brusca de la emisión generaría un colapso económico y, lo que es peor desde el punto de vista de las propuestas del señor López Chau y sus parientes ideológicos, no dejaría más soles que antes en manos del gobierno como para aumentar el gasto social.
Una alternativa sería que el BCR liquidara parte de sus reservas, pero en lugar de vender los dólares –y retirar soles de circulación–, se los prestara al gobierno. Eso, en el fondo, sería financiar el gasto social, no con ahorros, sino con deuda. Otra alternativa sería poner esos dólares en un “fondo soberano” que invierta en papeles más rentables que los bonos del tesoro norteamericano: acciones de compañías tecnológicas, por ejemplo. Pero no solamente son muy riesgosas esas acciones –volátiles, como se dice–para tenerlas como respaldo de nuestra moneda, sino que solamente se podría aumentar el gasto social en la medida que vayan pagando dividendos.
La idea simplemente no cuadra. Si queremos aumentar el gasto social, tenemos que reducir otros gastos; el gasto tributario, por ejemplo. Dígannos, señores candidatos, qué exoneraciones están dispuestos a eliminar.






