Andrés Balta
Perú21, 15 de enero del 2026
«Hace escasos días Estados Unidos cortó el paso a un narcoestado con pretensiones imperiales».
Interesa destacar la hispanidad para el balance que —todos— los más y los menos mestizos del Perú y de las Américas necesitamos. Interesa porque recordar lo que fuimos puede mostrar lo que aún somos. Y, finalmente, interesa porque encontrar y divulgar cosas positivas del pasado energiza e impulsa hacia el futuro.
En el pasado, mientras que otras potencias coloniales mercantilizaron el opio para equilibrar su déficit comercial con China, las autoridades españolas en Filipinas mantuvieron políticas restrictivas o de prohibición parcial durante gran parte del siglo XVIII. La estrategia española para adquirir bienes chinos (té, seda, porcelana) se basaba en el intercambio de plata proveniente de América. Ello evitó, durante ese siglo, que España dependiera del opio para financiar sus compras en Asia.
En el siglo XIX España pudo ser un narcoimperio de opio, pero se negó a ello, mientras Inglaterra hundía a China a cañonazos para venderlo, Holanda tenía despachos estatales de droga en Java y Francia lo introducía en Vietnam. Se negó a pesar de que tenía en Filipinas la base perfecta para cultivarlo, las rutas logísticas, siglos de experiencia y en América un continente entero para venderlo.
Era el negocio perfecto, pero pesó más la moral que el dinero de un imperio que se hundía. La sociedad española de todas las Españas rechazó unánimemente envenenar a su propia gente por dinero y no faltaron las presiones internas para lanzarse a ese negocio, pero las Españas no eran colonias, no eran países subyugados, eran españoles. Esa España prohibió el opio en varios reales decretos mientras otros libraban guerras para imponerlo.
Hace escasos días Estados Unidos cortó el paso a un narcoestado con pretensiones imperiales. Interrumpió a un Estado convertido en receptáculo de otros imperios (China Rusia, Irán, Cuba) y golpeó, bajo la línea de flotación, a una tiranía sin soberanía ni pueblo. Le cortó la aorta a una organización criminal estatal basada en la exportación de droga, corrupción, petróleo en negro y servicios de trata de personas. EE.UU. no necesita ese petróleo. Necesita que sus rivales no lo obtengan en negro y que Venezuela deje de socavar, tan eficiente e interesadamente, las bases de salud mental y de integridad de la sociedad norteamericana.
Resaltemos el narcoimperio que no fuimos ni seremos, pero hagámoslo sin dejar de agregar que la fórmula eficiente para neutralizar el narcotráfico es desincentivándolo económicamente con el retiro de su penalización y la legalización de su comercio.





