Aldo Mariátegui
Perú21, 5 de febrero del 2026
“Ya el aire felizmente cambió, ya estuvo bueno de estar aguantando ese totalitarismo mental woke, que la caviarada impuso por un tiempo en Occidente…”.
El intelectual inglés George Orwell sintetizó perfectamente a la libertad de expresión como el derecho de decirles a los demás aquello que no les gusta. Mucha gente puede estar en desacuerdo respecto a la posición de Johanna San Miguel, que cree que un trans no es una mujer, pero debe respetar absolutamente su opinión (no doy hoy la mía porque aquí el punto en cuestión es la libertad de expresión y más cosas sobran) y dejarse de plantones amenazantes, apanados en jaurías desde las redes, cancelaciones woke, discursetes demagógicos, etcétera.
Lo mismo sucedió un tiempo atrás con J.K. Rowling, la autora de Harry Potter, cuando esta sostuvo que para ella solo era mujer aquel humano que menstruaba. Incluso los actores Emma Watson y Daniel Radcliffe se le fueron encima para ir de políticamente correctos, quedando como dos pobres diablos, ingratos con quien les hizo archifamosos. Pero la terca Rawlings no se rindió y aguantó impávida todo un cargamontón de diatribas y cancelaciones, para luego desafiante financiar al grupo contestario “For Women Scotland”, que estaba litigando ante el Tribunal Supremo y que logró que este ente determine que “la definición de mujer en la Ley de Igualdad estaba limitada a las personas biológicamente mujeres”, lo que Rowling celebró tomándose una foto triunfadora, con whisky en diestra y puro en siniestra.
Le recomiendo a Johanna San Miguel —de quien aclaro que no conozco en absoluto y que muy posiblemente esté alejada de mi posición política, así que no he escrito esto por patería generacional o sintonía ideológica— que se tome una foto igual de retadora a la de Rowling y la cuelgue en sus redes. Y que no se preocupe Johanna San Miguel, que la genial feminista Camille Paglia le daría la razón. Ya el aire felizmente cambió, ya estuvo bueno de estar aguantando ese totalitarismo mental woke, que la caviarada impuso por un tiempo en Occidente y su periferia (o barriada) llamada Latinoamérica.






