Aldo Mariátegui
Perú21, 4 de febrero del 2026
“Si bien en la fiscalía ya se han dado algunas sanas correcciones y han salido de algún desequilibrado mental, en el PJ se sigue tolerando la actuación de jueces abusivos…”.
Prosiguen los excesos desde el Poder Judicial —a pesar de que después desde allí publican comunicados donde se victimizan (porque carecen de toda autocrítica y se creen perfectos)— y el Ministerio Público. A pesar del fallo clarísimo del TC en el caso Cocteles que estableció que los aportes a los partidos en campaña hechos años atrás no constituían un delito de lavado de activos, el juez Richard Concepción ha dispuesto, por pedido de la fiscalía, proseguir con una investigación al Apra por haber recibido dinero de Odebrecht en el ya lejano año 2006. Algo similar sucede con Ollanta Humala. Todos saben que este señor nunca ha sido santo de mi devoción para nada y creo que debe estar preso por otros hechos, pero hace rato que ya ha debido salir de Barbadillo porque la condena que lo llevó allí también se ha dado con base en ese falso delito. Si bien en la fiscalía ya se han dado algunas sanas correcciones y han salido de algún desequilibrado mental, en el PJ se sigue tolerando la actuación de jueces abusivos y desproporcionados como Richard Concepción, que ya antes encarceló a Keiko Fujimori y Nadine Heredia por ese mismo delito inexistente de lavado de activos.
Y hablando de estos temas, me sorprende la pasividad —que ya es prácticamente cobardía— en nuestras FF.AA., que están calladitas ante los excesos que se están cometiendo contra uniformados retirados por esos jueces caviares que se niegan a acatar las leyes del Congreso que han establecido claramente desde cuando se aplica el criterio de lesa humanidad para volver imprescriptible un caso. No digo que vayan a estacionar un tanque frente al Palacio de Justicia, pero tanto silencio ante estos vejámenes es ya poco viril, vergonzoso y despreciable. El general César Briceño Valdivia, cabeza del Comando Conjunto, está quedando como un pusilánime con ese mutismo y esa falta de espíritu de cuerpo con sus veteranos. ¡Ya me explico por qué se dejaron poner esos infames mandiles rosados sobre el uniforme sagrado de Bolognesi!






