Carlos E. Gálvez Pinillos
Expresidente de la SNMPE
Para Lampadia
Hace unos días, tuve la interesante experiencia de poder conversar, amigablemente, con profesionales inteligentes, de primer nivel, pero de posiciones inicialmente discrepantes respecto a la minería a pequeña escala. Ciertamente, el punto de partida era la defensa del minero informal y el rechazo a meter a todos en el mismo saco de mineros ilegales.

Como es evidente, enfrentar el diálogo a partir de generalidades es inconducente, por eso optamos por ponernos de acuerdo en identificar las “líneas rojas” que convierten a un minero informal en ilegal, lo que facilitó la discusión.
Así, definimos las condiciones que los convierte en ilegales:
- Aquellos que operan en cuerpos de agua, con productos contaminantes como mercurio o cianuro.
- Los que operan en Áreas Naturales Protegidas.
- Los que operan en coordenadas diferentes a las consignadas en su REINFO.
- Quienes operan subrepticiamente en concesiones de terceros y sin contrato.
- Todos los que emplean personal fuera de planilla, sin feriados, sin vacaciones, sin horas extras, sin cobertura de seguridad social, sin cobertura de SCTR (seguro por actividad de riesgo), sin CTS, sin aportaciones al sistema de pensiones (ONP o AFP).
- Los que operan sin tener a cargo a un profesional que garantice la ingeniería, sostenimiento y ventilación, para la seguridad de sus trabajadores.
- Los que usan explosivos y productos químicos sin la autorización debida.
- Los que impactan el medio ambiente con sus operaciones y no cuentan con un procedimiento aprobado de mitigación y remediación.
- Aquellos que no cuentan con la identificación, supervisión y control de la SUNAT para el pago de sus impuestos.
Evidentemente, trazados estos límites, el margen de análisis y discusión se redujo dramáticamente.
Ya con estos elementos objetivos, fue muy fácil llegar a términos adecuados de entendimiento. De esta misma forma y eliminando cualquier elemento de subjetividad, es que invito a los miembros de la Comisión de Energía y Minas del congreso, a analizar la situación y plantear vías de solución.
Uno de los asuntos que debemos resaltar es, qué duda cabe, los 56 millones de hectáreas de libre denunciabilidad que nadie mira, aunque un alto porcentaje de ellas, se encuentra en regiones reconocidas por su potencial minero, pero que nadie quiere estudiar.
De igual forma, la falta de iniciativas académicas y estatales por hacer geología regional, es preocupante. Este es un esfuerzo, que fue tradicionalmente impulsado por el Estado, pero que hoy en día, nadie promueve.
No podemos olvidar los grandes recursos canalizados vía canon minero a las universidades públicas, para fines de investigación. Menos podemos permitir la degradación profesional en la tarea que le cabe al INGEMMET.
Tenemos claro que el Perú es un país con gran potencial geológico y tradición minera. Lo que no estamos haciendo, es la tarea que los pioneros de la minería peruana hicieron y que nos ha llevado hasta el nivel de excelencia y competitividad que el Perú ha logrado.
Los precios alcanzados por nuestros metales han permitido que, mucha gente sin mayor preparación, se involucre de cualquier manera en la actividad minera. El Estado se ha desentendido y ha permitido este “busconeo”, no profesional, en áreas concesionadas a terceros y no ha promovido los estudios geológicos en la gran extensión disponible.
Todos los pioneros de nuestra minería, empezando por:
- La Negociación Fernandini, liderada por Don Eulogio Fernandini y decenas de profesionales que lo secundaban, impulsó la exploración.
- La Cerro de Pasco Corporation, convertida en una escuela de geólogos, ingenieros de minas y metalurgistas en Perú, al punto que uno de sus geólogos fue profesor en Harvard, donde enseñaba los métodos practicados en las minas peruanas.
- El liderazgo de Don Jesús Arias Dávila, quien se iniciara en “Cut Off” explotando piedra caliza (fundente para tratamiento de minerales), y con su esfuerzo explorador acumuló hasta 420 propiedades mineras. Adquirió y trabajó San Ignacio de Morococha (mina de zinc), a partir de la cual solventó una exploración aérea aurífera, mientras paralelamente se desarrollaba la mina de oro Poderosa, en Pataz. En total, mucho más de 500 mil hectáreas de exploración.
- Por su lado Buenaventura, liderada por Don Alberto Benavides de la Quintana; un hombre con el ADN de la exploración, quien antes de constituir Buenaventura y trabajando para la Cerro de Pasco, recorrió el Perú haciendo los hallazgos de Antamina, Las Bambas y Tintaya. Con esa actitud, no sólo se quedó en Julcani, sino que abrió Recuperada, desarrolló Orcopampa, exploró y desarrolló Uchucchacua, se involucró en la exploración y desarrollo de Yanacocha, Tantahuatay, La Zanja, Tambomayo, Breapampa, San Gabriel y Trapiche, entre otros.
- Don Ernesto Baertl Schütz quien, al egresar de la Escuela de Ingenieros, trabajó en reconocimiento geológico del sur del Perú, en lo que en ese entonces equivalía al INGEMMET, adquirió experiencia en Castrovirreyna Metal Mines, San Genaro y Astohuaraca, conociendo Caudalosa Grande y formó Volcan Metals Mine con el yacimiento San Cristobal. En 1949 fundó Milpo y secundado por sus hijos Ernesto y Augusto Baertl Montori, son otro ejemplo de pioneros de nuestra industria. La vocación exploratoria regional fue fundamental. En 1972 incorporó Atacocha y además, participó con San Ignacio de Morococha en la exploración regional aérea por oro.
Para resolver la tensión existente, debemos instalar el ADN explorador en los mineros a pequeña escala y a los estudiantes de geología y minería, deteniendo la invasión de concesiones ajenas. Lampadia






