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Lima-Perú, 25/03/2022 a las 01:03am. por Pablo Bustamante Pardo

¿Abuso o presión?

Castigo a los rusos

Pablo Bustamante Pardo
Director de Lampadia

No recuerdo una ocasión en la que no haya estado de acuerdo con las apreciaciones de Axel Kaiser. Esta vez no coincido con él en su crítica a las instituciones de Europa y EEUU que están castigando a ciudadanos rusos en sus actividades culturales, deportivas y empresariales.

Kaiser considera que “esto no tiene otro propósito que el afán de pose moral, de señalar a otros que se está del lado ‘bueno’, aun cuando esto implique decisiones estúpidas como cancelar gatos o aberraciones como perseguir a inocentes solo por su nacionalidad”.

Yo considero que ante el crimen cometido por Putin y la cúpula de poder moscovita asesinado miles de ucranianos por su afán de poder, si occidente no quiere involucrarse en ampliar el conflicto y causar más muertes de ciudadanos inocentes, presionar a los ciudadanos rusos, especialmente a los que tienen ascendiente en su sociedad, deportistas, artistas y empresarios, para que se resistan a apoyar a Putin, y hasta que vean como lo retiran del poder, es una buena alternativa.

Es injusto, sí; pero es menos injusto que entrar al conflicto ampliando el espacio de la guerra. El mundo moderno debe hacer todo lo posible por parar la locura estaliniana de Putin.

La indecencia de los “justos”

Fundación para el Progreso - Chile
Axel Kaiser
Publicado en Diario Financiero
17.03.2022

Unos de los problemas más alarmantes que evidenció la pandemia fue la incapacidad de muchas personas de pensar e informarse por sí mismas. Enfrentadas a una campaña de pánico cuestionable desde el punto de vista científico, abrazaron cuarentenas totalmente contraproducentes –algo que hoy casi nadie discute- y, peor aún, se convirtieron en denunciantes de sus propios vecinos.

Mucho de todo lo que ocurrió tuvo que ver, por supuesto, con pose moral; esto es, con la pretensión de estar del lado del bien y de ser reconocido públicamente como uno de los ‘justos’. La cancelación de quienes disentían del relato apocalíptico -incluyendo a científicos de las mejores universidades del mundo- reflejó de cuerpo entero este Zeitgeist totalitario bajo el que vivimos.

Lamentablemente, la persecución que se ha hecho de personas de origen ruso totalmente inocentes de las decisiones que toma el dictador Vladimir Putin ha venido a confirmarlo. La asociación de ajedrez de Noruega, por ejemplo, canceló al maestro ruso Alexander Grischuk de sus competencias y otros ajedrecistas de ese país enfrentan similares prohibiciones de participación en eventos internacionales. La Metropolitan Opera of Nueva York ha dictaminado que cancelará a todos los artistas que hayan apoyado alguna vez a Putin, lo que sea que esto signifique. Lo mismo ha resuelto el Carnegie Hall, mientras la Royal Opera House en Londres ha cancelado una residencia planificada del Bolshoi Ballet.

Valery Gergiev, director de la orquesta de Munich, fue despedido bajo el argumento de ser amigo de Putin, pero no tuvieron problema en contratarlo sabiendo que lo era. La soprano Anna Netrebko, una de las figuras más aclamadas de la ópera actual, ha sido igualmente cancelada de varias funciones. La orquesta sinfónica de Montreal incluso suspendió conciertos del pianista prodigio de veinte años de edad Alexander Malofeev, a pesar de que este condenó la invasión a Ucrania. La Cardiff Philarmonic llegó al punto de retirar al músico ruso del siglo XIX Pyotr Tchaikovsky de su catálogo de eventos.

En otra área, el ministro de deportes de Reino Unido Nigel Huddleston ha afirmado que cancelará la participación de todos los tenistas rusos en el torneo de Wimbledon este año si estos no muestran ser contrarios a Putin. Como consecuencia, Daniil Medvedev, actual número uno del mundo, podría quedar fuera del torneo, no porque sea favorable a Putin, sino porque no quiere involucrarse en temas políticos. El nivel de la histeria anti rusa ha llegado a tal absurdo, que la Federación Internacional de Gatos canceló a los gatos rusos de sus shows.

Todo esto no tiene otro propósito que el afán de pose moral, de señalar a otros que se está del lado ‘bueno’, aun cuando esto implique decisiones estúpidas como cancelar gatos o aberraciones como perseguir a inocentes solo por su nacionalidad. Con toda razón Tyler Cowen ha llamado a este sentimiento anti ruso de moda un nuevo macartismo. Según Cowen, la situación llega a tal punto que cualquier ruso trabajando en los Estados Unidos hoy enfrenta considerablemente menos opciones de ser promovido en su carrera.

La pregunta obvia es si toda esta indecencia cometida con fines de autopromoción moral perjudica finalmente a Putin. Según profesor de Princeton, Simon Morrison, lo que ocurrirá es lo contrario, pues estos malos tratos solo confirman la tesis de Putin de que Occidente siempre ha abusado de Rusia y mirado a los rusos con desprecio. Lampadia

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