Pablo Bustamante Pardo
Expresidente de IPAE
Fundador y director de Lampadia
Los procesos electorales son, o debieran ser, los mejores momentos de las democracias.
Sus objetivos principales son:
- Evaluar el Carácter de los Candidatos
- Juzgar la Idoneidad de sus Planes de Gobierno
- Educar a los Ciudadanos sobre el Conjunto de Políticas Públicas de Largo Plazo que propicien el Bienestar General
Lamentablemente, nuestros procesos electorales están cada vez más lejos de esos propósitos.

En verdad están dirigidos a lograr lo contrario, caretas vs. carácter, ausencia de planes de gobierno, y populismo ramplón de prebendas de corto plazo.
En vez de educar al ciudadano sobre la realidad nacional, su ubicación relativa en el concierto internacional, el potencial de reducción de la pobreza, de crecimiento económico y de desarrollo, las relaciones causa-efecto de las políticas pro-producción vs. pro-distribución, solo se genera confusión y criterios equívocos de análisis político.
Hace unas pocas décadas teníamos en el quehacer nacional, en la política, a los mejores ciudadanos. Pero desde los años 80, la devaluación de los partidos políticos ha sido constante y creciente.
Entonces, después once años de la desastrosa dictadura militar socialista, no se supo representar las líneas de liderazgo que ya marcaba los caminos de prosperidad en países de menor desarrollo, como en Corea del Sur, Taiwán, Malacia, Singapur, e incluso en Chile.
Uno de los despropósitos más clamorosos de nuestra pobre política nacional, se dio el 2016, luego de que casi el 80% de los peruanos votáramos por candidatos de orientación pro-economía de mercado.
Al día siguiente de la primera vuelta PPK anunció su visita a Gregorio Santos, el líder anti-minero de Cajamarca. Los PPKs pensaron que aliándose con la izquierda podían ganarle a Keiko, y no importaba el quiebre programático.
PPK llegó a amenazar con robarse 30 congresistas de Fuerza Popular para quitarle la mayoría en el Congreso, a gobernar con los gobernadores regionales en CONTRA del Congreso, y no recibió al insigne Luis Bedoya Reyes, que llevaba un mensaje conciliador de Keiko Fujimori.
Los fujimoristas, que por supuesto no eran santos ni mártires, se sumaron a la destructiva guerra de guerrillas congresal.
Hacen solo pocas horas, acabamos de vivir otro nefasto evento de destrucción de nuestra política nacional con la inconstitucional censura express al presidente Jerí.
Se han preferido cálculos políticos [errados], que llevan al país al descalabro de devolver el control del Ejecutivo a Perú-Libre, el partido comunista inspirado en la fracasada, empobrecedora y esclavista revolución cubana.
A sabiendas de los evidentes riesgos que se enfrentaban con la apurada censura de Jerí, Renovación Nacional de Rafael López Aliaga, Alianza para el Progreso de César Acuña, y Podemos Perú de José Luna Gálvez, privilegiaron sus espurios intereses de corto plazo, a los grandes intereses nacionales. Espero que los electores, alertados de este desaguisado, los castiguen en las ánforas.
El único partido que salvó la categoría fue Fuerza Popular de Keiko Fujimori, que sacrificó el no ser parte de la política de la turba, manteniéndose firme en salvaguarda del innegable interés nacional.
Como hemos indicado en nuestro editorial (Se agrava la crisis política – Cambios forzados y señales contradictorias), el presidente José María Balcázar ha dado algunas señales de ponderación, pero evidentemente adolece de la necesaria capacidad de control político que le permita enfrentar a sus socios, Cerrón, Perú-Libre y sobre todo al G2, el eficiente sistema de inteligencia cubano, que seguro ya está enviando a sus mejores agentes para aprovechar este nefasto regalo producto de la más estúpida irresponsabilidad política de López Aliaga, Acuña y Luna.
Ante semejante situación ¿qué podemos hacer los ciudadanos informados y comprometidos con el quehacer nacional?
- Asumir con valentía la vigilancia cercana de las acciones del gobierno
- Explicar a los ciudadanos las líneas rojas que no se deben atravesar y, como siempre hemos dicho,
- Difundir mensajes que eduquen a los ciudadanos sobre los ejes fundamentales que permiten preservar y fortalecer nuestra democracia y economía de mercado.
Lampadia






