Aldo Mariátegui
Perú21, 13 de febrero del 2026
“Reitero que Jerí no vale nada de nada, que esos escandaletes con los chifas y las mujeres son una vergüenza y seguramente habrá delitos por allí, pero creo que va a ser peor defenestrarle, sobre todo a tan poco tiempo de las elecciones”.
-Para variar, nuestro maravilloso Poder Judicial hizo una más de las suyas y nos ha creado un problema serio por el puerto de Chancay con nada menos que EE.UU. y China, quedando el Perú apachurrado en el medio de la rivalidad de los dos países más poderosos del planeta. Al brillante juez Juan Carlos Núñez Matos del Primer Juzgado Constitucional de Lima se le ocurrió aceptar, a pedido del operador chino Cosco Shipping, el disparate de que Ositran no pueda supervisar a ese puerto y lógicamente la sensación que ha quedado, y no solo entre los estadounidenses, es que Perú se está bajando los pantalones con China y que está hasta cediendo soberanía en el puerto de Chancay, alimentando la especulación de que se trata de una disimulada base naval encubierta como un inofensivo puerto comercial. Este es el mismo tremendo juez que hasta 2023 era solo un simple secretario de juzgado y que emitió unos fallos muy benignos respecto a algunas andanzas de esa verruga de la política peruana que es Pepe Luna. Claro, la titular del PJ, Janet Tello, seguramente ahora defenderá a este magistrado y su fallo, porque la autocrítica es algo muy, muy ajeno a la señora, que nos ha salido con el cuento de que el PJ se va a autorreformar solito. Claro, lo mismo que dicen los drogadictos, los dipsómanos y los ludópatas. Nadie se reforma solo y menos aún en el sector público peruano.
-Reitero que Jerí no vale nada de nada, que esos escandaletes con los chifas y las mujeres son una vergüenza y seguramente habrá delitos por allí, pero creo que va a ser peor defenestrarle, sobre todo a tan poco tiempo de las elecciones. Ya bastante venida a menos está la institución de la Presidencia de la República como para seguir haciéndole más mella, además que en el exterior ya nos ven como un país inestable, errático y folclórico que cambia de mandatario a cada momento, tal como Ecuador en los 90 antes de Correa, y sería bastante negativo reforzar esa impresión.






