Urpi Torrado
El Comercio, 12 de febrero de 2026
“El votante indeciso es crítico por experiencia, su rechazo nace de la desconfianza”.
Como señala el editorial de El Comercio publicado el lunes pasado, el proceso electoral peruano se encuentra, hoy más que nunca, en manos de los indecisos. El 42,5% de ciudadanos que declara que votará en blanco, nulo o que aún no sabe por quién votar constituye un nivel históricamente alto. En un escenario de voto fragmentado y candidaturas con bajos niveles de adhesión, serán ellos quienes terminen inclinando la balanza. Por ello, entender quiénes son, cómo piensan y qué sienten resulta clave para interpretar el rumbo de la elección.
El perfil de los indecisos revela rasgos claros. Se trata mayoritariamente de mujeres, que representan el 57% de este segmento, y de personas entre 45 y 70 años, franja que concentra el 42%. Son ciudadanos que han vivido múltiples ciclos políticos, han visto pasar promesas incumplidas, escándalos de corrupción y crisis institucionales recurrentes. Más que desinterés, lo que predomina es el cansancio. La indecisión aparece como una forma de protección frente a un sistema que ha decepcionado una y otra vez.
Lejos de la apatía, la relación de este grupo con el proceso electoral está marcada por una fuerte carga emocional. Más de la mitad de los indecisos afirma que votará con indignación, un sentimiento que habla de frustración y enojo acumulado. A ello se suma un 23% que señala que acudirá a votar por obligación. En conjunto, casi tres de cada cuatro indecisos participan desde el descontento o la resignación, no desde la esperanza. Esta emocionalidad condiciona profundamente la forma en que reciben los mensajes de campaña.
Cuando se indaga por las razones de la indecisión, el foco se desplaza rápidamente hacia la oferta política. El 45% de quienes dicen que no votarían por ningún candidato señala motivos directamente asociados a los postulantes y partidos. Expresiones como “son todos corruptos”, “solo buscan su beneficio” o “no me representan” se repiten con frecuencia. El votante indeciso es crítico por experiencia, su rechazo nace de la desconfianza.
En términos ideológicos, la característica dominante es la desafección. Casi la mitad de los indecisos no se identifica con ninguna posición política. El resto se distribuye de manera fragmentada entre derecha, centro e izquierda, sin que ninguna logre consolidar una identidad fuerte. Esta falta de anclaje ideológico refuerza la volatilidad del voto y explica por qué las preferencias pueden cambiar incluso en las últimas semanas de campaña.
En lo que respecta a la información, casi tres cuartas partes de los indecisos reconocen estar poco o nada informados sobre el proceso electoral. Sin embargo, esto convive con un consumo activo de noticias, principalmente a través de redes sociales y televisión. No se trata de falta de acceso, sino de desconfianza en la calidad, veracidad o utilidad de la información disponible. La sobreabundancia de contenidos, sumada a la desinformación, termina generando ruido más que claridad.
Este clima se ve reforzado por lo que ocurre en el espacio digital. El análisis de la conversación en redes sociales muestra una narrativa de rechazo generalizado hacia la política tradicional. El hashtag #PorEstosNo se ha convertido en un lema transversal que expresa hartazgo y deslegitimación de los partidos tradicionales y actualmente gobernantes. Más aún, se observa un llamado explícito a no apoyar a determinadas agrupaciones con el objetivo de impedir que superen el umbral electoral. Sin embargo, el bajo nivel de conocimiento de otros candidatos y la ausencia de referentes creíbles impiden que ese descontento se traduzca en un respaldo claro a nuevas opciones.
Este tipo de mensajes refuerza una lógica de voto negativo, más orientada a rechazar que a elegir. En un contexto de alta indecisión, estas narrativas pueden empujar al voto blanco o nulo como forma de protesta, dando lugar a un resultado que no expresa indiferencia, sino una crítica profunda y persistente al sistema político.






