Maite Vizcarra
El Comercio, 12 de febrero del 2026
“Necesitamos convertir la inteligencia artificial en un tema nacional y sacarla del circuito de especialistas”.
Hay ocasiones en las que asistir a un mero evento tecnológico puede suponer un compromiso con una causa más trascendente y fundacional. Eso ocurrió este martes en Santiago, durante la presentación de Latam-GPT. Porque, para los que estuvimos ahí, como testigos en primera fila, quedó claro que el debate en torno al (los) idioma (s) que hablamos es hoy más crítico que nunca.
El lanzamiento del modelo de inteligencia artificial generativa impulsado por el Centro Nacional de Inteligencia Artificial (Cenia) de Chile no fue una ‘demo’ para expertos ni una feria de gadgets. Fue, más bien, una afirmación política en el mejor sentido del término: la idea de que América Latina no quiere seguir siendo solo usuaria pasiva de tecnologías que hablan sobre nosotros, pero no desde nosotros.
Escuchando las intervenciones en ese evento, realizado en los estudios de Televisión Nacional de Chile, quedó claro que el idioma ya no es únicamente identidad cultural. Es infraestructura de conocimiento. Es la materia prima con la que se entrenan los sistemas que describirán el mundo, ordenarán la información y se tomarán decisiones. Y si nuestras historias, acentos y formas de nombrar no están ahí, otros lo harán por nosotros. Con sus propios cánones, sesgos y prioridades.
No es casual que esta discusión dialogue tan bien con lo que ocurre en la cultura popular, como la participación del cantante puertorriqueño Bad Bunny en el show del medio tiempo del Super Bowl. Ahí, Benito reafirmó el sentido de la palabra ‘América’, nombrando uno a uno a los países de América Latina y el Caribe. Un gesto simple, pero cargado de sentido; comparable al de Rubén Blades décadas atrás con su “Buscando América”.
Nombrar es existir. Y lo que no se nombra se desvanece. Eso mismo está en juego hoy en el mundo digital. Durante la presentación de este modelo de inteligencia artificial creado en Chile, el presidente Gabriel Boric lo dijo sin rodeos: lo que expresamos en las manifestaciones culturales también debe expresarse en el lenguaje, y ese lenguaje –nos guste o no– está cada vez más mediado por la inteligencia artificial. No desde el miedo, sino desde la oportunidad de construir una visión propia, crítica y propositiva de esta tecnología.
Latam-GPT apunta justamente a eso: entrenar un modelo de IA con datos de América Latina y el Caribe para reducir sesgos y evitar que nuestra representación sea homogénea o caricaturesca. Porque “estamos en la mesa, y no somos el menú”. Desde mi asiento, fue imposible no pensar en el reverso de esta historia. La identidad latinoamericana no solo como un asunto geopolítico o cultural, sino también como una lucha silenciosa por no desaparecer del mundo digital.
¿Y el Perú? Nuestro desafío es mayor. Nuestra presencia existe –y hay que decirlo– como con el aporte del joven ingeniero arequipeño Omar Florez, involucrado en el proyecto Latam-GPT. Pero no basta con talentos individuales ni con celebrarlos en silencio. Necesitamos convertir la inteligencia artificial en un tema nacional y sacarla del circuito de especialistas. Esto no es un asunto de ‘nerds’: es ciudadanía, educación, productividad y democracia.
Latam-GPT es una puerta abierta para todos los latinoamericanos. Pero cruzarla exige algo más que entusiasmo tecnológico: requiere un diálogo público-privado amplio, informado y sostenido sobre el impacto de la IA en la vida de los peruanos.






