Aldo Mariátegui
Perú21, 12 de febrero del 2026
“Expresándonos correctamente, el gentilicio ‘latino’ solo se debería aplicar a los naturales del Lazio, región italiana cuya capital es Roma…”.
Expresándonos correctamente, el gentilicio “latino” solo se debería aplicar a los naturales del Lazio, región italiana cuya capital es Roma y en donde se originó el idioma latín. El actual “Lazio” para denominar a esa región viene del latín “latium”, como otrora se llamaba a la patria chica de la entonces tribu de los latinos. Incluso hoy existe la provincia de Latina, cuya capital provincial lleva el mismo nombre y está muy cercana a Roma.
Entonces es absolutamente impreciso denominar como “latinos” y “Latinoamérica” a todo ese actual conjunto humano americano que se origina cultural y/o étnicamente de los otrora Imperios español y portugués en el hemisferio occidental y que actualmente utiliza el castellano y el portugués como lengua materna. Lo correcto sería llamarles “iberoamericanos” (si abarcamos también a los brasileños), “hispanoamericanos” (si los excluimos) o simplemente “hispanos”, como también se usa acertadamente en EE.UU.
La idea de acudir a la palabra “latino” para abarcar a todo este mar de gente de las Américas se le ocurrió al intelectual y político francés Michel Chevalier (1806-1879) para: 1) Unir ese conglomerado junto al sector europeo sureño católico y románico (España, Portugal, Italia, Francia y Bélgica) como una sola identidad contra la Europa protestante del norte (anglo y germánica), como también contra lo eslavo y escandinavo. 2) Contrapesar el creciente poderío de la América angloparlante (EE.UU.). 3) Disminuir la influencia identitaria con España en las Américas para fortalecer la penetración gala, que Francia hasta intentó con Napoleón III imponer fallidamente una monarquía francófila en México, intervención que duró de 1861 a 1867, para contrarrestar al creciente EE.UU. Los intelectuales Francisco Bilbao (chileno) y José Torres Caicedo (colombiano) cogieron la idea de Chevalier y popularizaron el término “América Latina” por sus fobias a lo anglo y español. En suma, no somos “latinos”… ¡Cómo tampoco es “música” esa bulla que expectora Bad Bunny!






