Luis Carranza
Perú21, 11 de enero del 2026
«La transición no será fácil porque implica un proceso de limpieza de las Fuerzas Armadas, pero se espera que controlando los activos petroleros y los flujos de efectivo van a poder influir en esta transición».
Siguiendo la letra de esa famosa salsa de El Gran Combo, se pide que el diablo se quede allá y que nunca regrese. Y esa es la sensación de la mayoría de la gente, venezolanos y no venezolanos, respecto a la captura de Maduro. La encuesta preparada por Áltica, a las pocas horas de la captura de Maduro, en países latinoamericanos muestra una gran aceptación por parte de la opinión pública (ver cuadro 1). El gran problema es que, si bien se llevaron a ese diablo, Lucifer, Belcebú y los 72 demonios que aparecen en la Llave Menor de Salomón siguen en Venezuela.
Y aquí la opinión pública ya empieza a cambiar. Se desea que se avance rápidamente en el proceso de entregar el gobierno a Edmundo González, elegido legítimamente en la última elección, o que se convoquen nuevas elecciones (ver cuadro 2). Pero esa salida no es posible en el corto plazo.
El problema central es el control de las Fuerzas Armadas y avanzar lo más rápidamente posible en el desarme de las milicias y los colectivos. Para ello se optó por una transición, dejándole el gobierno a Delcy Rodríguez, la vicepresidenta de Maduro, que podía coordinar con los poderes fácticos en Venezuela. La otra opción era tomar control territorial con tropas norteamericanas, pero para ello sí se requeriría la aprobación del Congreso y se arriesgaba a un costo político alto.
La transición no será fácil porque implica un proceso de limpieza de las Fuerzas Armadas, pero se espera que controlando los activos petroleros y los flujos de efectivo van a poder influir en esta transición. Pero nada garantiza que el país no caiga en un caos de violencia y fragmentación del control territorial.
A nivel de la economía global, no hay mayor problema, pues Venezuela solo representa el 1% de la producción mundial de petróleo con una producción en torno a 1 millón de barriles por día (mbpd). Si bien es cierto que las mayores reservas de petróleo se encuentran en Venezuela, los costos de producción se han incrementado de manera importante por la falta de inversión y las ineficiencias, calculándose costos en la franja del Orinoco en torno a los US$50 por barril. Asimismo, se estima que se requiere una inversión mínima de US$15,000 millones en los próximos años para estabilizar la producción y empezar a aumentarla. Marginalmente se puede incrementar la producción en los próximos años, pero nada significativo. Sin embargo, el mercado ha reaccionado muy positivamente, las acciones de Chevron, compañía petrolera con producción en Venezuela, así como empresas de infraestructura petrolera como Halliburton, han subido considerablemente. También los bonos venezolanos, que están en default desde 2017, han visto mejorar significativamente su valor en el mercado.

A nivel de la geopolítica, la cosa es distinta. EE. UU. logra un objetivo fundamental de controlar los activos petroleros y las reservas más grandes de petróleo en un país latinoamericano donde la influencia de China, Rusia e Irán era muy fuerte. El único tema pendiente es si se mantendría el trato con China sobre el repago de la deuda usando el petróleo o este trato se modificaría. El tema se complica si es que se quieren usar los ingresos petroleros para priorizar el pago a los bonistas o a las empresas norteamericanas. Veremos cuál será la reacción china.

A nivel político, en EE. UU. la decisión ha sido bien recibida por los republicanos y mal recibida por los demócratas, pero no hay mayor interés de la población por los temas externos, salvo que: causen muerte de soldados norteamericanos. Lo que determinará el resultado de las elecciones de renovación parcial del Congreso en noviembre será la situación económica interna. Hasta ahora vemos una situación complicada de las clases medias por los aumentos de los alimentos y la inflación que se mantiene en niveles de 3%. La gran apuesta es la reducción del precio del petróleo, que los republicanos asociarían a la intervención en Venezuela. Pero, tal como van las cosas, es probable que los republicanos mantengan el Senado, pero pierdan la Cámara de Representantes, salvo que la gasolina baje significativamente de precio.
Esa elección es fundamental porque, de ganar los republicanos y mantener el control de ambas Cámaras, se intensificaría la intervención norteamericana en América Latina. Más allá del tema de Nicaragua y Cuba, los objetivos estarían en los países donde la relación económica con China es importante, y aquí la cosa se complica para México por las fábricas de automóviles, Brasil por todo lo que implica su pertenencia a los BRICS y Perú por la fuerte presencia de inversiones chinas.
Esperemos no estar cantando «Decisiones», de Rubén Blades, a fin de año.






