1

CUBA: ¿MITO O REALIDAD?

CUBA: ¿MITO O REALIDAD?

Revista Vivir Bien
Luis F. Popa
Ex diplomático cubano, profesor de UNMSM, PUCP y CAEN
Lima, agosto 2021

Nadie discute que el triunfo de la Revolución Cubana, cuando a través de la lucha armada llevada a cabo por el pueblo y en especial por la juventud, marcó un hito para América Latina y también para el mundo. Derrotar a una dictadura, de las tantas que han gobernado en Latinoamérica y en los países del llamado Tercer Mundo, fue un acto heroico y ejemplar.

Surgieron nombres como Fidel Castro, Ernesto “Che” Guevara, Camilo Cienfuegos y otros, que emulaban a héroes románticos de las novelas y el cine.

Cuando Castro entró triunfante a La Habana, el 8 de enero de 1959, luego de hacer una marcha popular desde la Sierra Maestra a través de toda la Isla, la alegría del pueblo cubano fue inmensa. Salvo las personas vinculadas al antiguo régimen del General Fulgencio Batista, todos los cubanos estaban con Fidel. La alta clase burguesa cubana, igual que las demás clases sociales, ponían en sus puertas pequeños letreros que decían: “Esta es tu casa Fidel”. Algo que, con el curso de los meses y los años por venir, él se lo creyó, expropiando las casas, palacetes, fincas (chacras), casas de playa y todas las propiedades privadas. Hubo un primer momento, que se intervino todas las propiedades de las compañías extranjeras, desde la electricidad, el teléfono, los centrales azucareros, minas, bancos, entidades de seguros, etc.

Después vendrían las propiedades de los capitalistas y empresarios nacionales, incluyendo los colegios y universidades privadas laicas y religiosas (incluyendo los dos colegios católicos en donde estudió Castro, los hermanos La Salle y el colegio Belén).  Este período fue entre 1960 a 1965.

Incluyendo dos leyes de Reforma Agraria, siendo la segunda, la más radical que se había realizado en América Latina hasta esta fecha. La primera en julio de 1959, fue de 400 hectáreas máximo que podría tener una persona jurídica o natural; la cual benefició a unas 100 mil familias campesinas (para ese entonces   Cuba contaba con una población de 6 millones de habitantes).

No obstante, esto no eliminó lo que el Gobierno Revolucionario denominaba una burguesía rural. Es por eso, que, en el año 1963, se   proclama una segunda ley agraria, limitando   la propiedad rural a 67 hectáreas. Una medida para eliminar privilegios y cubanos ricos.  Con el tiempo, y muy a pesar de Castro, la clase campesina cubana, fue de los primeras en alzarse en armas   contra su régimen, y a pesar de ser derrotados, en lo que el régimen denominó “Lucha Contra Bandidos” (LCB), y que no fue otra cosa que una guerra civil, entre 1961 a 1971, más o menos.

Fue un alzamiento campesino y de otras clases sociales, en especial pequeños grupos de jóvenes (en su mayoría católicos) y de ex combatientes de las guerrillas castristas y de otras agrupaciones que ayudaron a derrotar a Batista. Se infiltraban en la Isla procedentes de Miami, ayudados y financiados por la CIA.

Ellos, los campesinos, se convirtieron en nuevos ricos con el pasar del tiempo, a través de la especulación y el mercado negro, producto de la escasez de alimentos que históricamente, ha acompañado los 62 años de castro-comunismo en la Isla; con alzas y bajas.

Los primeros tiempos implementaron la famosa “Libreta de Racionamiento”, que con el tiempo fue mermando el número de alimentos que adjudicaban a cada cubano, hasta hoy día, que prácticamente no es nada de la canasta familiar. Si no tienes FE (familia en exterior que te envíes dólares o euros, no comes).

Las expropiaciones del régimen comunista continuaron; estableció una ley de reforma urbana, para que cada cubana tuviera un hogar, cosa que no pudo conseguir. Nadie podía tener dos viviendas, es decir, ni casa de playa o campo, en el caso que vivieras en una ciudad.

Pero la era dura de las restricciones de la vida se endurecieron, cuando, el 13 de marzo de 1968, en un discurso de Castro por el aniversario XI del asalto a Palacio de Gobierno por parte de los estudiantes universitarios con el fin de ajusticiar a Batista (el ataque fracaso).

Qué decretó Castro, ese día, que nadie debería tener propiedad privada, solamente propiedad personal, es decir, la casa y el auto (si tenías). Intervinieron todas las pequeñas y medianas empresas, hasta las bodegas, carnicerías, verdulerías, peluquerías, kioscos y hasta los lustrabotas.

Todo pasó a manos del Estado. Los dueños y empleados de estas propiedades, se convirtieron de la noche a la mañana en trabajadores del Estado.

Es el inicio de la llamada “Ofensiva Revolucionaria”, construir el socialismo paralelamente con el comunismo. Ni Marx, ni Lenin, ni los burócratas soviéticos plantearon esta locura.

Claro, está política solo trajo como consecuencia, lo siguiente: Más especulación y mayor mercado negro, pues se agudizó la escasez y la creación de un Estado elefantiásico. Aumentó el número de enemigos del gobierno, un gran golpe para lo poco que quedaba de mediana y pequeña burguesía.

Cuba de ser exportador de azúcar, luego de instaurado el régimen comunista de los Castro, no volvió a exportar más…

Camilo Cienfuegos, el mítico guerrillero…

Ernesto “Che” Guevara, acabó sus trajines revolucionarios en las selvas de Bolivia

Los estudios de abogados, consultas médicas, dentistas, psicólogos, etc., se convirtieron también en trabajadores del Estado. Todos los abogados y notarios fueron a trabajar en los llamados bufetes colectivos. ¿Qué defensa ibas a tener frente al Estado?

Los night – club y cabarets, que daban tanta vida a La Habana nocturna, también pasaron a manos del Estado. Aquí se decidía que artista trabajaba o no al igual que la TV y la radio. Los actores, actrices, cantantes, músicos, fueron categorizados según una escala de evaluadores, en la mayoría de los casos estos evaluadores, tenían como mérito ser militantes del Partido Comunista, pero no eran profesionales del arte.

Se tomaban en consideración su compromiso con el régimen. En otras palabras, toda la vida del cubano estaba organizado, ya que también habían surgido los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), en cada cuadra, en cada caserío campesino, allí donde hubiera un núcleo poblacional pequeño.

Los CDR se convirtieron en los ojos y oídos del sistema socialista, del Estado. Si aspirabas a un puesto de trabajo o simplemente entrar a la universidad, la policía o la seguridad del Estado, iba a tu cuadra a verificar tu compromiso con la Revolución.

Los buenos trabajos y la universidad solamente eran para los revolucionarios, pero sobre todo tenían que estar comprometidos, pues, aunque no estuvieras en contra del régimen, la pasividad era mal vista, había que ser combativo y comprometido.

En este devenir, pasaron 62 años, con salidas clandestinas por mar, con deserciones de funcionarios públicos y altos dirigentes civiles y militares. Éxodos masivos, balseros, secuestro de aviones y pequeñas embarcaciones marítimas, los “vuelos de la libertad” con el presidente Johnson, las salidas autorizadas por Camariocas, puerto cerca de Varadero, el famoso Mariel, las entradas masivas de personas a la Embajada del Perú, la crisis de los balseros en 1994 con Clinton.

Barack Obama el presidente de EE. UU que distendió las relaciones con, la isla.

El llamado “maleconazo” del 94, dónde miles de personas salieron a protestar contra el gobierno fidelista. El propio Fidel Castro fue a encarar aquellas protestas, en las que sintió por primera vez los gritos de enardecidos ciudadanos contra él. ¡Abajo Fidel ¡En aquella ocasión la policía pudo controlarlo y solamente se registró el hecho en el famoso Malecón de La Habana!

Lo ocurrido este 11 de julio del 2021, pasará a la historia, como el inicio del fin del comunismo en Cuba, y ejemplo para los pueblos de América Latina. Esperemos que la izquierda latinoamericana no se cierre y entienda bien la lectura. El pueblo cubano se hartó de pasar hambre y falta de libertad, de no tener voz y de pasar día tras día en largas colas para ver si puede conseguir algo de alimento para su familia. No saber si hoy come, y mañana tampoco.

Éramos tan pobres, teníamos tanta hambre, que nos comimos el miedo. Gritaban los cubanos en todas las ciudades a lo largo y ancho de la Isla.

Con los cuentos que los yanquis nos invadirán e implementarán de nuevo los prostíbulos y los casinos; que nos tienen con un bloqueo económico que es el culpable de la escasez y la falta de recursos, etc.

  • Primero, Cuba tenía corrupción, prostíbulos y casinos como lo tienen casi, por no decir todos, los países de América Latina. No era el burdel de América Latina como sostienen algunos desinformados. De izquierda, somos todos. Pero, junto a Uruguay y Argentina, era de los países más desarrollados de nuestra región; ahí están los números, que personalmente he verificado a través de distintas ponencias y escritos en mi vida académica.

Hugo Chávez fiel discípulo de Fidel llevó a la miseria al país más rico de América del Sur…

  • Segundo, ¿existe un bloqueo? Vamos por partes, el tema es que bloqueo es un término bélico. El único bloqueo yanqui a Cuba fue cuando la Crisis de los Misiles Cubanos, que duró 13 días en octubre de 1962. Lo que existe por parte de Estados Unidos es un férreo embargo económico, y que es bilateral.

Que ha pasado por periodos de endurecimiento, como la estranguladora Ley Helms-Burton de los años 90, las medidas extremas del ex presidente Donald Trump, después de las medidas suavizantes del ex presidente Barack Obama.

El embargo fue dispuesto en 1962 por el extinto presidente John Kennedy, quién antes de firmar la ley, mandó a comprar todos los puros cubanos que había en las tiendas de Washington DC, era su vicio fumar estos habanos.

Cuba puede negociar con todos los países del mundo, el problema es que le debe a todos los países financistas. Le debe desde Rusia (Putin le condonó la deuda, que tenían con la extinta URSS), hasta los argentinos. Pues si no lo sabías la Cuba socialista hacía negocios con créditos con la dictadura fascista del General Videla.

Los soviéticos enviaban un barco diario lleno de petróleo para que esa nación funcione. La suerte acompañó a Castro con la llegada de Chávez al poder y la influencia de los cubanos en Venezuela, que pasó a ser un país satélite de Cuba.

Se queja, la potencia médica, que no tiene medicina. ¿Y los chinos? Pueden abastecerles. Ahora los castristas son amigos de los chinos. Se olvidaron, cuando Fidel le llamó “viejo chocho” a Mao, y traidor a Deng Xiao Ping.

Cuba le debe a medio mundo; el Club de Paris, le ha dado nuevas facilidades de pago, de las tantas facilidades que le ha permitido.

Salvo Israel, que es el único país que apoya a Estados Unidos, en las votaciones de las ONU, para el levantamiento del embargo; el resto de todos los países del planeta está a favor de levantar este embargo.

Pero, hay que aclarar, que esto es un asunto bilateral. Que compren medicinas y alimentos en otros lugares. Pero, es más, a pesar del embargo, Cuba puede y lo hace, comprar alimentos y medicinas a Estados Unidos, si paga cash.

Por ejemplo, el pollo que comen los cubanos es norteamericano. El gobierno se lo vende a la población, siete veces más caro. El único bloqueo que existe es el que le ha impuesto a su población con todas las restricciones que existen en Cuba. Los DDHH de primera generación son violados diariamente en la Isla. Los cubanos sólo son un número para las autoridades; mientras una élite vive mucho mejor que los esbirros de Batista y que muchos millonarios latinoamericanos. Con varios autos, yates, cotos de caza, casas y residencias y varias provincias. Alimentación especial y suntuosa.

Este 11 de julio del 2021, pasó a la historia como un ejemplo, que el socialismo como lo hemos conocido hasta ahora es un fiasco. Los gobernantes cubanos, ni siquiera tomaron los ejemplos chino y vietnamita, que, aunque cortan las libertades públicas, tienen economías que son funcionales y prósperas.

Que es posible darles mejor nivel de bienestar a sus pueblos. Que es posible también una economía de libre mercado, incluso que existe divisiones de clase social.

Raúl Castro hace poco tiempo atrás dijo que había que hacer cambios, sin prisa, pero sin pausa. Pero es que ya se les acabo el tiempo. Además, que en los males de Cuba y América Latina, (también), la culpa no es sólo del imperio, de los Estados Unidos.

Hay una gran sobrevaloración por parte de los gobernantes cubanos y de la izquierda latinoamericana sobre el papel de la CIA, el Departamento de Estado y la Casa Blanca. El Estado socialista de la Isla acusa a la CIA de estar detrás de las manifestaciones populares que se dieron en Cuba.

Que los manifestantes son asalariados de la CIA. Qué equivocados y/o mentirosos. ¿Acaso las manifestaciones de Chile y Colombia, fueron sufragadas por el comunismo internacional? NO. ¿La CIA les pago a los miles y miles de manifestantes? NO.

Existe el mito de que todo aquel que critica al gobierno cubano es un agente de la CIA o del gobierno norteamericano. El mundo no es blanco y negro. En política hay que saber admitir las críticas. Si criticas a la derecha eres comunista, si criticas a la izquierda es proyanqui.

En este sentido, son los políticos corruptos, los que crean las grandes desigualdades y la pobreza. No hay diferencias entre un político de izquierda y uno de derecha, cuando viven y se apropian de los bienes y riquezas de sus pueblos. Son los mismos.

El pueblo cubano y los pueblos latinoamericanos deben saber que no hay salvadores supremos, ni líderes mesiánicos. Es el esfuerzo de la ciudadanía unida que hace grande a los países.

Ejemplos hay en otras latitudes, de pueblos que salieron de la oscuridad, después de conflictos bélicos y hambrunas. Sólo la verdadera libertad nos hará mejores hombres y mujeres, y darles un futuro de esplendor a nuestros descendientes.

¡VIVA CUBA LIBRE!

Lampadia




¿Fin de los delirios?

¿Fin de los delirios?

Por Jorge Edwards. Escritor

(El Comercio, 28 de Diciembre de 2014)

Tuve las primeras noticias de la revolución cubana en la universidad de Princeton, en Estados Unidos del presidente Eisenhower y del vicepresidente Richard Nixon, cuando había terminado mis estudios en Chile y hacía un posgrado en asuntos internacionales. Había un profesor de origen cubano, casado con una norteamericana de fortuna, y por su mansión, alrededor de una piscina hollywoodiense, pasaban revolucionarios en ciernes, miembros del movimiento 26 de julio, exiliados diversos y opositores de todas las tendencias a la dictadura de Fulgencio Batista. Algunos de esos personajes, el juez Manuel Urrutia, presidente de la República en los años iniciales del castrismo; Felipe Pazos, joven economista que después desempeñó cargos importantes, salieron pronto al exilio. Pero las simpatías por la revolución eran universales; los primeros exiliados, bautizados por Fidel como gusanos, salían de la isla y no eran bien acogidos en ninguna parte, con la improbable excepción de la península de La Florida. Pasaban a ser exiliados apestados. ¡Qué fácil es ser exiliado chileno, me dijo un intelectual cubano en los tiempos del pinochetismo, y qué difícil, qué porvenir oscuro, tiene el exilio del Comandante Castro, el de la gusanera!

Viajé en enero de 1968 a La Habana, invitado por las instituciones culturales de la revolución. Era entonces diplomático chileno de carrera y mi país había roto relaciones con Cuba en 1964. Pero el ministro del Gobierno demócrata cristiano de esos días me autorizó con gusto. Había partidarios militantes de la revolución castrista, pero también abundaban por todos lados los simpatizantes discretos y más o menos secretos. El generalizado espíritu antiyanqui facilitaba las extravagancias ideológicas de todo orden: desde gaullistas y franquistas hasta liberales y centristas mexicanos y sudamericanos.

Cuando regresé a Cuba a finales de 1970, como diplomático encargado de abrir la Embajada chilena, la situación era radicalmente diferente. Una parte influyente del Gobierno recién instalado de Salvador Allende pensaba que la panacea política y económica era Cuba: la respuesta frente a la dependencia y el subdesarrollo de nuestras democracias mediocres. Me tocaron días difíciles, intensos, marcados por el fracaso monumental de la zafra de 10 millones de toneladas de azúcar que había prometido el Gobierno del Comandante Castro. No tardé mucho en entender que había un desfase completo entre la visión externa de Cuba y las realidades internas. En la noche de mi llegada conversé tres horas, entre las dos y las cinco de la madrugada, en las oficinas de la redacción del diario oficial, Granma, con Fidel Castro en persona, que mientras conversaba conmigo escogía las fotos suyas que debían publicarse en la primera plana del

día siguiente, y que de repente, al pasar, con un gesto rápido, me advertía de que eso no era “culto de la personalidad”.

Al final de la mañana siguiente, un sábado, me visitaban en el bar de mi hotel escritores cubanos que había encontrado en mis viajes o que me conocían como lectores. Después del segundo daiquiri, con medias palabras, haciendo gestos, apuntando a los posibles micrófonos, me contaron una historia diferente, de sospechas, delaciones, censuras. Me hablaron de las UMAP, las unidades militares de ayuda a la producción, y de colegas suyos, acusados de vagancia, de homosexualidad, de delitos comparables, que habían pasado temporadas en esos infiernos. Como venía de un país optimista e ingenuo, utopista y mal informado, donde algunos dirigentes pensaban que la alta inflación serviría para destruir el poder de la burguesía, decidí escribir mi testimonio. Ya sabía, a muy poco andar, que si un régimen parecido se instalaba en Chile, yo sería uno de los primeros en salir al exilio. Lo dije hace poco, en una conferencia pública, en Santiago de Chile, y un viejo amigo de izquierda se retiró de la sala, indignado. Es decir, el conflicto continúa, y después del restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, seguirá vivo, pero con una posibilidad de apertura y de evolución interna que son nuevas, que saludo con el optimismo mitigado, reservado, que las circunstancias permiten.

Cuando salí de la isla al cabo de sólo tres meses y medio, y cuando publiqué en España mi memoria del caso, Persona no grata, me dijeron que mi obsesión por la vigilancia policial cubana era una forma de paranoia. Y recibí en esos días una larga carta de Guillermo Cabrera Infante, exiliado cubano en Londres, y que me decía textualmente: “No hay delirio de persecución ahí donde la persecución es un delirio”.

Como pueden apreciar ustedes, el uso correcto del lenguaje es una virtud esencial. Ahora se ha producido la conjunción de tres personas adaptadas a la circunstancia: Raúl Castro,  más racional, menos impulsivo que su hermano Fidel; Barack Obama, que desearía terminar con esta herencia postergada de la guerra fría; y el papa Francisco, que tiene una visión humanista latinoamericana. No es poco, pero no hay que esperar resultados rápidos. Pasaron los años del fidelismo, de la diplomacia impulsiva, de las carreras presidenciales para ir a rendirle pleitesía al Líder Máximo. Nada cambiará, nos asegura en la prensa la hija de Raúl, pero algo ya ha cambiado. La historia es lenta, pero no tiene regreso.