Un 2015 de retos | Lampadia
  • Objetivo: Lograr que los peruanos optemos por una Sociedad de Libre Mercado​
  • Domingo 7 de Agosto 2022
  • Lima - Perú
MENÚ
LECTURAS SUGERIDAS < regresar

Lima-Perú, 27/01/2015 a las 09:01pm. por Lampadia

Un 2015 de retos

Por Jaime Cáceres Sayán, ex Presidente de Confiep

Publicado en El Comercio el primero de enero

Comentario de Lampadia

Muchas veces hemos lamentado la ausencia de la clase dirigente en el debate nacional, con especial énfasis la de los empresarios, que al aparecer metidos en sus cuevas pueden generar sentimientos equivocados de su rol en la sociedad o sospechas de que sus intereses son opuestos a los grandes objetivos nacionales.

Esto ha sido particularmente notorio durante los últimos meses en los que, interesadamente, se les enrostró la (falsa) autoría de la llamada ley Pulpín para favorecer, supuestamente, a las grandes empresas.

Más allá de los méritos y deméritos de la citada ley, esto ha producido un importante daño en la conciencia nacional, especialmente entre los jóvenes, que debieran ver el mundo empresarial como su camino a la prosperidad.

Lamentablemente, el oportunismo de los políticos de todos los colores, la propia debilidad de una propuesta no explicada adecuadamente y la típica reverberación mediática de todo lo que suena a problema, han permitido que la izquierda tradicional trate de llevar agua a sus molinos, en clara negación de nuestra realidad. No nos olvidemos que ahora, las medidas del Perú son 90-90-90. El sector privado responde aproximadamente por el 90% del empleo, de los ingresos del fisco y de la inversión.

Otro dato importante es que en el último CADE Universitario, la élite estudiantil manifestó que el 93% de los jóvenes desean ser empresarios en no más de cinco años. Esto se publicó y destacó oportunamente en Lampadia, pero no se reflejó en los medios nacionales.

El Perú necesita que su clase dirigente salga a la vanguardia de la batalla de ideas, especialmente en lo que toca a los empresarios. Bien por el artículo de Cáceres:

Transparencia, ética, seguridad jurídica son valores que debemos interiorizar con fuerza.

Muchas cosas han ocurrido el año que terminó y que definieron un balance nacional menos optimista de lo que se esperaba al comenzar el 2014. En esto han influido factores externos, como la baja importante de los precios de los minerales (que constituyen un fuerte componente de nuestras exportaciones, nuestro PBI y los ingresos fiscales). Baja que junto al freno del sector de la construcción, han sido causas importantes en la reducción del ritmo de aumento del PBI que registraremos este año, no obstante el impulso especial de la inversión pública en los últimos meses. 

La política interna tuvo un deterioro mayor al que nos tiene habituados, lo suficiente para comenzar a inquietar las perspectivas futuras y la seguridad jurídica, anclaje fundamental de la confianza empresarial. Las denuncias e investigaciones sobre manejos y vinculaciones poco transparentes se han multiplicado de manera alarmante, sin que se ofrezcan las suficientes garantías de llegar al esclarecimiento pleno de los hechos ilícitos ni a conocer bien la responsabilidad de todos los presuntos implicados. 

Cuando nos trasladamos a las regiones, lo que resulta es francamente preocupante. Son clara evidencia de la improvisación con que se apuró una regionalización política, con transferencias de recursos, percepciones de canon y autonomías legales que no tuvieron ni apropiada gradualidad ni atención a variadas especificidades ni a la disparidad de condiciones técnicas; como tampoco la construcción de una organicidad efectiva que fuera el ordenado cauce que requería la transición al nuevo régimen

Por mucho tiempo se ha criticado el centralismo, y hoy algunos objetan la proliferación de los trámites, que no hacen realidad la simplificación administrativa tan pregonada para dar fluidez al movimiento económico. No es evadir procesos de estudios ni certificaciones lo que buscan las empresas, sino una mayor celeridad en su emisión y examen, porque el tiempo implica elevar costos que pueden llegar desde reducir la rentabilidad hasta hacer inviable un proyecto.

No es el único problema. La estructura regionalista del país está ofreciendo algo más inquietante: un panorama con menor recurso al amparo de la ley. En varias regiones, la autoridad es ejercida como si se tratara de estados independientes gobernados con acentuada verticalidad. La arbitrariedad y la corrupción abierta se han instalado y extendido, así como la extorsión directa o la amenaza de las movilizaciones, herramientas de persuasión que empresas instaladas con altas inversiones en juego tienen dificultades para resistir. En esas condiciones de inseguridad creciente, se advierte ya cómo es que nuevas inversiones de interesante potencial para el desarrollo del país se retraen o emigran a otros mercados con condiciones más seguras. 

Por otro lado, la inseguridad ciudadana crece, a pesar de anuncios y gestos mediáticos que no pueden sustituir un replanteamiento estratégico y planificado de la lucha contra el flagelo de la delincuencia. Este es un asunto de la mayor importancia para toda la ciudadanía, y que sin duda tiene una enorme incidencia en el mundo empresarial y las decisiones de inversión, porque la inseguridad obliga al empresario a asumir costos adicionales de seguridad privada, pero sobre todo porque su efecto principal es fuertemente disuasivo. 

Esto que podríamos llamar una pausa en el crecimiento económico puede ser una pasajera nube oscura en el cielo o el anuncio de una tormenta. Vale la pena hacer estos apuntes de lo que nos está ocurriendo y meditar sobre las causas profundas para encarar este nuevo año con espíritu resuelto. Todos queremos una sociedad que progresa y donde la creatividad y el emprendimiento generan trabajo y creciente prosperidad mientras aceleramos la marcha de la inclusión y la movilidad social que hoy marcan al Perú

Para ello hay que apuntalar la frágil institucionalidad del país como cuestión de prioridad. Solo con progresos en ese ámbito se reforzarán los cimientos que nos permitirán afrontar mucho mejor los problemas y mirar el horizonte con más confianza. Transparencia, ética, seguridad jurídica son valores que debemos interiorizar con fuerza si de verdad queremos cambiar al Perú y darle el empuje que merece hacia el futuro. Hemos demostrado ampliamente nuestras capacidades para crear y progresar. La Alianza del Pacífico nos ha colocado en la atención mundial y es un vehículo de gran proyección internacional. Solo nuestros deberes internos obstaculizan el camino hacia metas más ambiciosas. 

Hagamos de ese cambio la meta de este 2015. Los empresarios, estoy seguro, estarán en el sitio que les corresponde, preparados para seguir trabajando por el país, innovando, invirtiendo, y comprometiéndose asimismo en los asuntos públicos, como sucede en todos los países institucionalmente fuertes. 

Palabras Clave

1
Comentarios