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Lima-Perú, 10/03/2015 a las 09:03pm. por Lampadia

El tira y afloja por la Tía María

Comentario de Lampadia

La nota de El Comercio recoje bastante bien los argumentos en pro y en contra del proyecto de cobre de Tía María. Sin embargo, llaman la atención algunas afirmaciones del periodista, Manuel Marticorena, en las que señala sin el menor sustento, en la sumilla, que la oposición al proyecto es mayoritaria e inicia el artículo diciendo: “Sería una pena que una impericia arruine el hermoso valle de Tambo…

El proyecto ha superado todos los requisitos habidos y por haber, la población lo ha aceptado, no usará agua de la zona pues desalinizará agua del mar, etc. Etc.

Seguramente este señor no conoce Tambo ni Cocachacra y no se ha informado adecuadamente sobre la naturaleza del proyecto. Para ilustración de nuestros lectores y del propio periodista les sugerimos ver en Lampadia: No podemos dejar que nuestra Tía María siga atascada.

“Cuando los antimineros dicen no, los del colectivo dicen ¿por qué no?”

La provincia de Islay tiene muchas inversiones por ejecutar como el proyecto minero Tía María. Aunque la oposición a este es mayoritaria, algunas organizaciones quieren que al menos se debata la posibilidad de su desarrollo.

Por Manuel Marticorena Ortiz. Periodista

(El Comercio – Portafolio, 08 de Marzo de 2015)

Sería una pena que una impericia minera arruine el hermoso Valle del Tambo. Se trata de una cuenca bastante amplia y excesivamente verde de cerca de 20.000 hectáreas en que se producen alimentos de panllevar y que abastece no solo a la provincia de Islay (Arequipa), donde se ubica, sino también a una buena parte del sur del país.

En la ladera norte, a siete kilómetros del distrito de Cocachacra, está el proyecto minero Tía María, un depósito de cobre al cual una buena parte de los agricultores del valle no quiere ni siquiera oírlo mentar, porque temen que su desarrollo afecte sus actividades. Su alcalde, Hugo Valencia, resume así la postura que él considera mayoritaria: “No somos antimineros, pero sí somos anti-Tía María”.

Esta posición que suena absoluta en muchos medios de comunicación no es tal. Desde setiembre del año pasado, en la provincia de Islay se han formado varias organizaciones que quieren dar un espacio al desarrollo de las inversiones, incluida Tía María. Se trata de un grupo que, aunque no es mayoritario, tiene mucho que decir.

Potencial en ciernes

Islay tiene muchas ambiciones, pero ejecuta muy poco. Se ha propuesto llevar a su territorio a la petroquímica que se construirá en el sur del país y por ello protagoniza una feroz lucha con su vecina: la provincia de Ilo (Moquegua). Tiene la posibilidad de desarrollar un proyecto portuario denominado Corio, de US$300 millones; ampliar su frontera agrícola a través del Proyecto Especial Tambo, que permitiría la irrigación de 15.000 hectáreas eriazas; construir un tramo de la carretera Panamericana; y levantar una represa para irrigar el Valle del Tambo –inicialmente Southern Copper iba a construir la represa de Paltiture, pero tras la oposición a su proyecto, los agricultores del Valle del Tambo exigen que el Estado construya una similar bautizada como Paltuture, de S/.120 millones–.

Además, tendrá el gasoducto sur peruano, el nodo energético (con una inversión de US$400 millones) y, por último, el proyecto de hierro y cobre Mariela, que espera el desenlace de Tía María.

Alrededor de 30 organizaciones de la provincia se han agrupado en torno al Colectivo por el Desarrollo y Progreso de Islay para apoyar el desarrollo de estos proyectos. Se trata de comerciantes, asociaciones de jóvenes, líderes de barrios, transportistas e incluso algunos agricultores, que intentan que esas inversiones –en especial dos: la petroquímica y Tía María– se ejecuten.

En ese sentido, una de las manifestaciones más compactas que ha tenido este movimiento fue la realizada el pasado 29 de enero. Ese día alrededor de 1.500 personas (los del colectivo indican que fueron muchos más) marcharon por las calles del distrito de Cocachacra apoyando la inversión privada, sea cual fuera. El colofón de la manifestación fue una lucha campal con los antimineros en plena plaza, con dos heridos de por medio.

Víctor Díaz es comerciante, tiene una tienda llamada Fórmula 1 en Cocachacra, es miembro del colectivo y las ventanas de su casa fueron apedreadas luego de la marcha. Aun así continúa saliendo a los medios a defender el proyecto minero Tía María. Indica que la formación del colectivo se dio luego de que en Mollendo se empezó a defender a la petroquímica. “Me dije: ¿Ellos van a tener su proyecto petroquímico que va a dar empleo a la gente y nosotros no? Ya van cinco años que no se desarrolla Tía María, ¿qué hemos conseguido?”, sostiene.

Silvia Chávez es presidenta del Frente de Mujeres Virgen de la Asunta de Cocachacra, que agrupa alrededor de 180 personas. Parece estar muy consciente del proyecto –o sospechosamente aleccionada– e indica que los ingresos del distrito están disminuyendo y que cada vez el presupuesto –debido a un menor canon– se reduce y con este las obras.

Lo que señala es muy cierto. Cocachacra, que es el corazón del valle, acaba de inaugurar un estadio (cuyo costo ha demandado S/.4 millones) y una compañía de bomberos (que tiene apenas una bomba donada y vieja) de lujo. Esto pese a que las redes de agua requieren ser cambiadas y se necesita llevar el servicio a muchos barrios. El alcalde Valencia reconoce esta situación y que, efectivamente, su presupuesto ha disminuido, pero demanda que el gobierno afloje un poco su bolsillo para continuar desarrollando obras.

En el colmo de las paradojas (o del interés, según cómo se vea), Southern Copper ha financiado el estudio para un proyecto integral de saneamiento para el distrito, pero además ejecuta obras para instalar agua potable en la zona denominada El Fiscal, cuando este trabajo corresponde a la municipalidad.

Agro VS. Mina

‘Ruddy’ es un taxista de un auto verde al cual ha instalado dos inmensas bocinas que convocan a los pobladores de Punta de Bombón a marchar a favor de los proyectos del sector privado. También pertenece al colectivo. La marcha se realizó el pasado viernes 27 de de febrero en Mollendo. No es el único transportista que está de acuerdo con el proyecto. Durante la visita de El Comercio a la provincia de Islay, se observaron varias unidades vehiculares cuyas lunas posteriores tenían frases alusivas de apoyo a las inversiones y a Tía María.

Pero si pensaba que no hay agricultores en el colectivo, se equivoca. Gustavo Núñez Prado es presidente de la Junta de Usuarios de la Punta de Bombón y está a favor del proyecto. En el Valle del Tambo hay tres juntas de usuarios: la del Valle del Tambo (de Cocachacra), la de la Ensenada Mejía Mollendo y la de Punta de Bombón. Las dos primeras organizaciones están abiertamente en contra de Tía María; la última no es del mismo parecer, pese a que de los 1.500 usuarios que representa alrededor de 700 no concuerden con ella.

Aunque aún tiene un tema pendiente contra Southern Copper por la contaminación –en los años 80 y 90 – generada por las emisiones de la fundición de Ilo, Núñez cree que en el caso de Tía María todo estará controlado. Indica que ha viajado a Chile y vio extensas áreas de olivos de exportación regadas con agua de mar en un valle rodeado por proyectos mineros.

Jesús Cornejo, presidente de la Junta de Regantes del Valle del Tambo, acusa a Núñez de haber sido comprado por el proyecto minero, como a todos los del colectivo, a quienes minimiza. Asegura que no son representativos y que la oposición a la minería es mayoritaria en la zona. Posiblemente, tenga razón. La marcha realizada el pasado 27 de febrero en Mollendo no llegó al millar de personas. Para comprobar que la posición antiminera sí tiene convocatoria, al cierre de esta edición Cornejo encabezaba una sesión que evaluaba un paro en la provincia para obligar el envío desde Lima de una comisión de alto nivel a Islay para anular el proyecto Tía María.

CLUB DE JÓVENES

En Islay existe una organización extraña y que participa en el debate social: la Federación de Jóvenes por el Desarrollo. Su secretario, José Díaz, indica que agrupa a siete asociaciones que suman 1.200 socios. Díaz no es tan joven, tiene 39 años, pero se justifica diciendo que cuando empezó a formar su organización (la Asociación de Emprendedores por el Desarrollo del Valle del Tambo) tenía 30.

Igual que la mayoría del colectivo, posee un discurso claro y afirma que apoyar el proyecto minero no significa dar una carta blanca a Southern. Dice que exigirán que se cumplan todas las normas ambientales porque “el agro es y seguirá siendo el principal sustento de la zona”. Pero sí está convencido de que el proyecto les abrirá, como jóvenes, nuevas oportunidades.

Southern hace su trabajo para ganar más gente: ha contratado a 500 personas en forma rotativa para labores de limpieza en el proyecto. No solo eso, en el momento de la entrevista, Díaz tenía un polo deportivo con el logo de Southern [indicó que es porque la empresa financió un campeonato], mientras ‘Ruddy’, el chofer a quien conocimos, presta servicios a la minera; y el empresario José Díaz ha construido muy cerca de su casa un pequeño edificio para departamentos (viviendas para ofrecer a los ingenieros si se da el proyecto). Los tres no niegan que hayan tenido contacto con la minera, es más, sostienen que su interés de desarrollo personal y colectivo a partir del proyecto es legítimo, aspecto que dicen comparten las 3.000 personas que integran el colectivo. Solo piden ser escuchados a través de una mesa de diálogo donde se expongan los pros y los contras de Tía María y, en general, de los demás proyectos que están por ejecutarse en esta provincia.

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