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Lima-Perú, 26/02/2015 a las 05:02pm. por Lampadia

El [falso] leviatán corporativo

Comentario de Lampadia

Delirante artículo de Sinesio López en La República, en el que imputa alegremente a Confiep una suerte de poder supremo que no tiene y no pretende tener. Así es como la izquierda tradicional, la de las “ideas muertas”, crea mitos con los que espera engañar a la población.

A diferencia de lo planteado por López, Confiep es una institución bastante débil comparada con sus pares latinoamericanos. Basta señalar que hasta la Asociación de Productores de Azúcar de Cali, Colombia, cuenta con cinco veces más personal y aún un muchísimo mayor presupuesto y facilidades institucionales.

En el Perú necesitamos un Estado fuerte y meritocrático, así como gremios fuertes que puedan promover el debate nacional en los temas que a todos nos interesan, desde la educación a un indispensable buen clima de inversión.

Por Sinesio López Jiménez

(La República, 19 de Febrero de 2015)

Es la primera vez que Humala y Nadine Heredia se atreven a responder al partido de los medios concentrados (PMC) desde sus puestos de mando del gobierno. ¿Hasta dónde va a llegar la irritación de la pareja presidencial? ¿Es sólo una reacción momentánea para luego someterse a los periodicazos de siempre? ¿Se atreverá a ponerle el cascabel al gato? ¿Se atreverá a poner un límite al abuso de poder de los medios concentrados? Ver para creer.

El PMC no quiere ser sólo el partido mediático que reemplaza a todos los partidos (casi inexistentes) sino que aspira a ser un Estado dentro del Estado. Robert Dahl, uno de los grandes teóricos de la democracia, llamó el Leviatán corporativo a las grandes corporaciones privadas que abusaban de su poder económico y terminaban afectando la libertad y la participación de los ciudadanos y de los consumidores sin que estos tengan la capacidad de responderle y de limitarlo. El caso del PMC es aleccionador. En la práctica, es un Leviatán privado que mina la autoridad legítima del Leviatán público (el Estado), el único al que todos los peruanos le reconocemos el derecho a ejercer su autoridad sobre nosotros dentro del territorio que nos pertenece.

El PMC, a través de campañas sistemáticas y gracias a su enorme poder económico, impone y saca ministros según sus intereses económicos y políticos. En la práctica y en asociación con la CONFIEP, se ha apoderado de los aparatos económicos del Estado (en particular del MEF y del BCR) y se prepara para tomar los aparatos sociales (salud y educación) devaluando y transformando los bienes públicos en negocios privados, lo que afecta decisivamente a los sectores populares y pobres del país. Su poder se extiende también a la capacidad de imponer la agenda política no sólo al gobierno, que termina haciendo lo que quiere el PMC, sino también a los procuradores, a los fiscales, a los jueces y a todos los organismos de control que terminan persiguiendo a los políticos del centro y de la izquierda y lavando la cara a los candidatos favoritos de los medios concentrados.

Ejerce quizás su mayor poder sobre el Congreso, al que no sólo le impone la agenda sino que lo hace existir. Los congresistas tiemblan cuando se trata de defender las demandas de los ciudadanos que chocan con los intereses del PMC porque este los hace desaparecer de las pantallas de la TV y de las páginas de sus periódicos o, en el peor de los casos,  los destruye políticamente a través de campañas de desprestigio. Este control mediático del Congreso es un serio problema porque es justamente allí donde deben discutirse los límites y las regulaciones de los excesos del poder mediático, como hicieron en su momento los países desarrollados y democráticos.

Otra preocupación central de los medios concentrados es el control de la representación política de los diversos sectores sociales y de los distintos espacios sociopolíticos. Su apuesta mayor es eliminar a los representantes de los espacios de centro y de la izquierda para coparlos desde la derecha o, en su defecto, estimular su máxima fragmentación. Como digitados por la derecha, esta última parece ser la apuesta de algunos izquierdistas. La izquierda fragmentada es la izquierda que la derecha necesita.

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