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Lima-Perú, 20/06/2022 a las 12:06am. por Carlos Gálvez Pinillos

Preguntemos otra vez

¿Quién entiende nuestra democracia?

Carlos E. Gálvez Pinillos
Expresidente de la SNMPE
Para Lampadia

Es impresionante la cantidad de vericuetos e “interpretaciones legales” con las que nos manejamos en el Perú. Lo dicho, es uno de los mayores problemas para la administración de justicia y la conducción del aparato del Estado, en todos sus estamentos.

Es de suponer que uno de los principios básicos de la democracia, es la independencia de poderes, los pesos y contrapesos y el claro respeto de los fueros, que la Constitución y las leyes les confieren.

Pero ahora resulta, que todos quieren interferir con las responsabilidades del Congreso.

Por un lado, el poder ejecutivo, tratando de legislar y de imponer una asamblea constituyente no contemplada en nuestra constitución y tratando de imponer un plebiscito para determinar si éste se efectúa y de qué manera. Mientras que, este poder ejecutivo no se ocupa de gestionar, lo que en esencia es la función que le corresponde.

  • El ejecutivo no atiende los sistemas de salud eficientemente, no construye los hospitales requeridos, ni en cantidad ni en calidad.
  • No resuelve el problema de los 21,718 colegios públicos que se encuentran en condiciones de riesgo, ni el del 42% de colegios públicos que no cuentan con servicios de agua potable de la red pública, ni del 63% sin sistemas de desagüe en red pública, en suma, 91% de los colegios no están en condiciones físicas ni operativas razonables.
  • Ni qué decir de los pobrísimos niveles académicos, que muestran que al año 2019, alcanzaban sólo al 17% los alumnos de 2° de secundaria que podían resolver problemas matemáticos y que el 85% de ese mismo grado, no comprende lo que lee.  

¿Se imaginan cuáles serán los resultados hoy, después de dos años de pandemia y sin clases presenciales?

No pues, no hay forma de mejorar en algo, si nos hemos pasado esos dos años de pandemia, sin siquiera aprovechar la ausencia de los estudiantes para mejorar la infraestructura escolar y para hacer que los profesores estudien, aprendan y puedan demostrar algún nivel de suficiencia para enseñar. Han estado haciendo política de pésima calidad, otros buscando agenciarse alguna maestría de pacotilla y preparándose para hacer del Estado su botín, sujeto a la repartija que hoy podemos ver con estupor.

Entre tanto, al Congreso le ha tomado tres procesos y cerca de tres años, elegir a los miembros del Tribunal Constitucional (TC) –labor exclusiva y excluyente del congreso-.  Dos de estos, abortados por interferencias extrañas; recordemos, el primero en setiembre 2019, en que se inmortalizara, con pataleta incluida, Salvador del Solar, quien actuó de muchacho de mandados de Vizcarra, para que se entrometiera indebidamente en el congreso, mientras que, en el segundo proceso, una “orden” proveniente del poder judicial, atemorizó a los congresistas, persuadiéndolos de suspender esa elección. Finalmente, a la tercera, un nuevo congreso, tras tres meses de trabajo y evaluación de candidatos, logró elegir a seis miembros, para reemplazar a quienes ya contaban con cerca de tres años de mandato vencido. No obstante, nuevamente la izquierda insatisfecha en sus expectativas políticas, quiso invalidar la elección de algunos de los designados y pretendieron interferir en la labor del congreso, aduciendo “falta de transparencia”.

Ahora, cuando está en marcha el proceso de selección del Defensor del Pueblo, que debemos reiterar es labor exclusiva y excluyente del congreso, el sindicato de trabajadores de la Defensoría del Pueblo ha interpuesto una acción de amparo para evitar que el congreso complete su labor, “suspendiendo provisionalmente” el proceso. Argumentan “falta de transparencia” y que la comisión debe tener máximo nueve miembros, ya que la presidente del congreso está participando en calidad de “supernumeraria”, sin derecho a voto, pero que, en la práctica, habla muy “activamente”.

Es curioso que, al igual que en la elección de los miembros del TC, la izquierda reclame “falta de transparencia”, sino fuera por la casualidad de que, la secretaria general del sindicato demandante, es excandidata y miembro del partido Juntos por el Perú y, la izquierda, está viendo que va perdiendo el control de todos sus bastiones tradicionales.

En el fondo, a lo que la izquierda aspira es que, si no logran poner a alguien de su línea política en la Defensoría del Pueblo, la Defensora encargada se quede por mucho tiempo, por supuesto, sujeta al ninguneo permanente, por no ser la titular nombrada por el congreso.  

Sería comprensible que la objeción de ese sindicato, se limite a exigir que se respete la conformación de la comisión especial del congreso con los nueve miembros establecidos previamente, sin interrumpir el proceso, si se tiene en cuenta que para la designación del Defensor del Pueblo se requiere la aprobación del pleno, con una votación favorable de 2/3 de los congresistas, esto es 87 votos a favor. ¿Aun así hay suspicacias?

Lo más grave de todo, es que nadie en el ejecutivo hace lo que le corresponde, que todos quieren interferir en las labores del Congreso, desde el propio ejecutivo y muchos otros, utilizando al poder judicial y a muchos jueces y fiscales que están en su garbanzal, tratando de judicializar la política, mientras muchos políticos, están tratando de politizar la justicia.

Ya nos ha quedado claro que, así como en el fútbol, un líder de primer nivel, rodeado de los mejores técnicos y asesores, que convocó a grandes jóvenes valores para armar un equipo de primera, a quienes condujo ordenadamente, con objetivos claros y planeamiento de largo aliento, gran humildad y mucho trabajo perseverante, pudo alcanzar un alto nivel de competitividad y rendimiento y se pudo formar un equipo capaz de dar todo de sí y dejar lo mejor de ellos en el campo de juego. Ellos dejaron la cancha con la frente en alto y el público reconocimiento y admiración de 33 millones de peruanos. Sólo una etapa de penales, donde la suerte juega un rol fundamental, los pudo sacar de competencia, pero sin desmerecer sus capacidades y entrega.

En la arena política, en cambio, estamos de mal en peor, no hay líder, los que gobiernan son un desastre, no tienen planes para mejorar y cada quien quiere hacer lo que más rédito político-populista le dé, sin importarles el Perú y su futuro.

¡Así no se podrá avanzar! Lampadia

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