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Jaime de Althaus

El otro mundial

Por: Jaime de Althaus

Lima-Perú, 22/06/2018 a las 12:06pm. Por Jaime de Althaus

Por Jaime de Althaus, Periodista y antropólogo

El Comercio, 22 de junio de 2018

La metáfora de la selección debería servirnos como arquetipo para ganar en la competencia externa

La experiencia colectiva que hemos vivido con la selección ha sido extraordinaria. Nos hemos redescubierto. Por eso, tenemos que convertir la frustración en resolución, en propósito, en el objetivo de ir al próximo Mundial para pasar esta vez sí, cuando menos, a los octavos de final. Y luego a los siguientes hasta llegar a la final.

Para ello necesitamos construir un sistema que genere muchos buenos jugadores. Ya lo estamos haciendo, en parte, con el plan de menores de la FPF, pero hay que complementarlo con campeonatos interescolares infantiles y juveniles, que no existen porque no hay canchas de fútbol, pese a que hay muchos terrenos abandonados destinados a educación en las urbanizaciones: el ministerio debe transformarlos en campos deportivos.

Pero son los clubes los que tienen que reclutar a los talentos desde niños y formarlos. Para ello debe perseverarse con firmeza en su licenciamiento: aquellos clubes que no cumplen los requisitos no deben participar en el campeonato. Pero para que puedan cumplirlos y transformarse en instituciones modernas capaces de generar jugadores desde abajo deben poder convertirse en sociedades anónimas. Se necesita una ley para eso. ¿Alguien la está elaborando?

En un país de escasas realizaciones colectivas, donde la desconfianza mutua, el ventajismo y la miopía son la ley, esta vivencia de identificación nacional en un objetivo común puede empezar a inducir un cambio cultural que permita crear un clima de mayor colaboración y de trabajo sostenido en torno a grandes metas nacionales.

Claro, tampoco hay que abusar de la metáfora de la selección. Dicha metáfora no sirve para el juego democrático interno que si bien tiene instancias de colaboración, funciona principalmente sobre la base de la competencia y confrontación entre los actores. Pero sí debería servirnos como arquetipo para ganar en la competencia externa.

Somos un país con una economía relativamente pequeña y abierta al mundo. Para crecer aceleradamente debemos exportar más y poder resistir los embates de las importaciones subvaluadas. Para eso tenemos que ser muy competitivos. Y en la lucha mundial por los mercados externos y por nuestro propio mercado, sí debemos estar unidos, tener un plan de trabajo y aplicarlo.

Si el régimen especial agrario nos permitió ganar el campeonato mundial de los espárragos, los arándanos y otros productos, y ganar el campeonato local de la formalización, lo que hay que hacer no es eliminarlo como piden algunos suicidas, ni tampoco encarecerlo equiparando sus costos no salariales con los del régimen laboral común, como ha hecho la Comisión Agraria del Congreso, sino, por el contrario, extenderlo a todos los sectores posibles y más bien tratar de equiparar el régimen general a este régimen ganador.

Tenemos un gran delantero que es la minería. Y otro que es la agroexportación. Pero necesitamos más (industria forestal, acuícola, pesquera, turismo, joyería, etc.). Las confecciones y el calzado, y otras para el mercado interno, que generan mucho empleo, tampoco pueden estar llenas de cargas si quieren competir con las importaciones. Tienen que poder correr. Pongámonos de acuerdo para avanzar en el mundial del crecimiento.

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