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Iván Alonso

Los peligros del distrito uninominal

Por: Iván Alonso

Lima-Perú, 02/06/2017 a las 10:06am. Por Iván Alonso

Iván Alonso, Economista
El Comercio, 2 de Mayo de 2017

Una cuestión que debería abordarse en el debate sobre la reforma electoral, que se supone está próximo a iniciarse en base al proyecto de un grupo parlamentario liderado por la congresista Patricia Donayre, es la conformación de los distritos electorales. Existen dos opciones: distritos plurinominales, en los que se elige varios congresistas que representan a una misma circunscripción, como es ahora; o distritos uninominales, donde cada circunscripción elige a uno y sólo uno (o una, obviamente). El magistrado José Luis Sardón del Tribunal Constitucional es quien con mayor pasión y rigor intelectual ha defendido la idea del distrito uninominal. Ésa es también la posición editorial de este diario. En lo personal, no estamos seguros de que sea la mejor opción.

La supuesta superioridad del sistema uninominal sobre el plurinominal es que, en el primero, cada ciudadano sabe quién lo representa. Puede, en principio, individualizar la responsabilidad por defenderlo. Puede reclamarle que no está cumpliendo cabalmente sus funciones. Sí, todo eso, en principio, es posible. Pero es un principio un tanto lejano. El congresista elegido en un distrito uninominal representaría, en promedio, a más de 100,000 electores. ¿Cómo podríamos reclamarle que no nos representa bien, si hay otros 90,000 u 80,000 que –dirá en su descargo– sí se sienten bien representados?

Por otra parte, ¿cuál de los 100,000 levantará la voz? El viejo problema de costos concentrados y beneficios difundidos disuade al ciudadano común y corriente de tomar la iniciativa para reclamarle a “su” congresista, tanto como lo hace en un sistema plurinominal. Lo más probable es que los congresistas terminen respondiendo, más bien, a grupos de interés locales con capacidad de promover iniciativas que inviertan esos términos: beneficios concentrados (para ellos) y costos difundidos (entre los demás electores de su circunscripción y los de otras).

La elección por distritos uninominales se parece demasiado al voto preferencial, que tan nefastas consecuencias ha traído. Es un sistema propicio para “emprendedores políticos”, a los que les basta dar con una causa o una frase –los viejitos, trabajar por el deporte y cosas así– que suscite la emoción de una mayoría relativa, ni siquiera del país entero, sino de una entre ciento treinta circunscripciones, para hacerse de una curul. Con la diferencia de que en el sistema uninominal no necesitan colgarse de una lista partidaria que obtenga votos suficientes para que puedan ser ellos unos de los elegidos. En el sistema uninominal esos emprendedores políticos pueden llegar al Congreso por sí mismos, en tanto cumplan con los requisitos para inscribirse como candidatos en un distrito. Salvo que…

Salvo que uno de esos requisitos sea precisamente postular por un partido que presente candidatos, como mínimo, en un determinado número de circunscripciones. Pero si fuera ése el caso, cabría preguntarse si los electores estarían votando por una persona que los represente o por un partido que los represente. Tal vez si se plantea de esa manera, el sistema uninominal sirva para fortalecer a los partidos políticos, que tampoco es un fin en sí mismo, sino un medio para que los debates parlamentarios se parezcan más a una confrontación de ideas maduradas en el tiempo que a un remolino de reacciones impulsivas.

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