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Diego Macera

Érase una vez en Apurímac

Por: Diego Macera

Lima-Perú, 01/06/2017 a las 12:06pm. Por Diego Macera

Diego Macera, Gerente general del Instituto Peruano de Economía
El Comercio, 1 de Junio de 2017

Cuando los alumnos del curso Desarrollo Social y Minería de la Universidad de Queensland, Australia, finalmente se toparon con el caso de estudio de Apurímac –una pequeña región en el sur del Perú– su profesor sabía que se llevarían más de una sorpresa.

Dos décadas atrás, en el 2015, la primera gran operación minera empezó a funcionar en la región. Entonces, Apurímac era una de las regiones más pobres y atrasadas del Perú. Tenía una tasa de pobreza aproximada de 36% y el PBI per cápita más bajo del país. La esperanza de vida al nacer del apurimeño promedio era de 71 años, la segunda más baja del Perú, y el analfabetismo alcanzaba al 16% de la población, lo que la convertía en la región con la mayor proporción de analfabetos del país y cercana del promedio nacional de analfabetismo de 1981.

Sin embargo, un tiempo después de que la gran operación de cobre Las Bambas iniciara la explotación, la cara de Apurímac empezó a cambiar. Casi inmediatamente, pasó de tener el último puesto en PBI per cápita a colocarse a mitad de tabla entre las demás regiones. Algunos años luego, aproximadamente en el 2021, Las Bambas empezó a dejar un significativo canon minero a partir de sus utilidades para la región, pero para entonces ya no era el único proyecto.

Apurímac había aprovechado al máximo su potencial minero como uno de los depósitos de cobre más importantes del mundo. La construcción del proyecto Cotabambas, de Panoro Minerals, se inició en el 2020, y a ese lo siguieron otros como Haquira, Hierro Apurímac y Los Chancas. El volumen de mineral producido finalmente justificó la construcción de un tren hacia la costa (con una inversión aproximada de US$1.200 millones), lo que hizo aun más atractiva la explotación.

Hoy, explica el profesor, Apurímac goza de uno de los estándares de vida más altos del Perú. Hay mucha riqueza a ser repartida entre relativamente pocos habitantes. Sus universidades, gracias al canon, son referente de investigación geológica y de procesos mineros en todo el mundo. Sus indicadores de educación, salud y pobreza, rezagados por tantos siglos, mejoraron en un período récord. 

Los estudiantes australianos –algunos sorprendidos y otros suspicaces ante tanta maravilla– preguntaron al profesor si era entonces suficiente la producción de mineral para alcanzar altos niveles de desarrollo, o si se necesitaba algo más. “Muy buena pregunta”, empezó respondiendo el docente. “Al principio, muchos eran escépticos del milagro de Apurímac. Y no era para menos. Si de algo había precedente en aquel entonces en el Perú era de historias de éxito nunca concretadas. La baja institucionalidad de la región, y del país en general, hacía presagiar que conflictos sociales, torpes intervenciones del sector privado y malos manejos públicos frenaran eventualmente su camino”.

“Pero esta vez no sucedió así, sino que todo pareció alinearse. Las empresas mineras, cumpliendo con altos estándares medioambientales y también con sus compromisos con la zona de influencia y con la región, lograron desarrollar una relación de trabajo y confianza de largo plazo. La burocracia regional, provincial y distrital se capacitó para traducir esos enormes ingresos extras en mejores pistas, colegios, comisarías, hospitales, etc., mediante proyectos de inversión bien planificados. Las autoridades políticas comprendieron que su mejor oportunidad para disponer de obras –y eventualmente de votos– era trabajar de la mano con la minería y no en contra de ella. Y la población notó que las progresivas mejoras en su calidad de vida y en sus oportunidades de trabajo eran gracias a la actividad minera. La minería fue elemental para el milagro de Apurímac, pero sin estas condiciones no lo hubiera logrado”.

Cambiando de semblante, el profesor tomó esta vez un tono de voz más serio: “Pero no todos son casos de éxito en el Perú de aquel entonces. También hubo regiones que teniendo el potencial decidieron no aprovecharlo. Saquen, por favor, su separata titulada ‘Cajamarca’”.

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